Caricaturas de Barrister (Abogados) en revista inglesa Vanity Fair

miércoles, 2 de enero de 2013

129).-Comentario del libro El alma de la Toga : Capitulo (I): Quien es Abogado.


Luis Alberto Bustamante Robin; Jose Guillermo Gonzalez Cornejo; Jennifer Angelica Ponce Ponce; Francia Carolina Vera Valdes;  Carolina Ivonne Reyes Candia; Mario Alberto  Correa Manríquez; Enrique Alejandro Valenzuela Erazo; Gardo Francisco Valencia Avaria; Alvaro Gonzalo  Andaur Medina; Carla Veronica Barrientos Melendez;  Luis Alberto Cortes Aguilera; Ricardo Adolfo  Price Toro;  Julio César  Gil Saladrina; Ivette Renee Mourguet Besoain; Marcelo Andres Oyarse Reyes; Franco Gonzalez Fortunatti; Patricio Ernesto Hernández Jara;  Demetrio Protopsaltis Palma;Nelson Gonzalez Urra ;Ana Karina Gonzalez Huenchuñir;  Ricardo Matias Heredia Sanchez; Alamiro Fernandez Acevedo;  Soledad García Nannig; Paula Flores Vargas;

Abogado Ingles

El señor  Ángel Ossorio y Gallardo tiene razón, en este capítulo,  son muy pocos los compañeros de mi promoción, de la facultad de derecho de Universidad Bernardo O"Higgins , que pudieron ser investidos como Abogado por la Corte Suprema de Justicia, y que ejercen la profesión en el foro, defendiendo patrocinados en los tribunales, o asesoran a las partes temas jurídicos; la mayoría que son abogados, ejercen otras actividades no abogado, como ser funcionario publico.

Análisis profundo del capítulo "¿Quién es abogado?", perteneciente a la obra clásica El alma de la toga de Ángel Ossorio y Gallardo (publicada originalmente en 1919):

1. Resumen y Tesis Central

El capítulo aborda la urgencia de redefinir social y conceptualmente qué significa ser abogado. Ossorio y Gallardo parte de una crítica satírica hacia la realidad social de su época (España de principios del siglo XX), donde el título de abogado se utilizaba de forma indiscriminada y ligera para calificar a cualquier ciudadano con un título universitario, sin importar a qué se dedicara realmente.

Su tesis principal establece una distinción radical entre lo académico y lo profesional:

El título universitario (Licenciado en Derecho) es solo un requisito administrativo o una base teórica.

El verdadero abogado es únicamente aquel que dedica su vida de manera permanente a dar consejos jurídicos y a pedir justicia ante los tribunales, poseyendo además una serie de virtudes morales y psicológicas muy específicas.

2. Estructura del Capítulo

El texto se divide en tres apartados clave que construyen su argumentación de forma lógica:

Introducción (La desvalorización del título): Expone el equívoco social donde "en España todo el mundo es abogado". Utiliza ejemplos satíricos (el asesino, el inventor, el tramoyista) para evidenciar cómo se etiqueta erróneamente a las personas basándose en un título que no ejercen, manchando la profesión con crímenes o menesteres ajenos a ella.

La formación universitaria de los abogados (Crítica al sistema educativo): Arremete con dureza contra las Facultades de Derecho de su época. Sostiene que la universidad no forma científicos ni profesionales útiles, sino que fomenta la holgazanería, el dogmatismo memorístico y una desconexión total con la realidad social, consuetudinaria y práctica del derecho. Incluso si la universidad fuera perfecta, insiste en que la cultura académica no basta para hacer a un buen abogado.

La profesión y lo académico (La esencia del verdadero abogado): Desarrolla el núcleo ético y psicológico de la abogacía. Explica que la ciencia jurídica es solo un ingrediente menor. Lo verdaderamente definitorio es el carácter, la prudencia, la vocación de servicio, la empatía y, por sobre todo, la rectitud de conciencia. Concluye con una radiografía numérica realista: de miles de licenciados, muy pocos ejercen y apenas un puñado merecen verdaderamente el nombre de abogados.

3. Ideas Fuerza y Citas Clave

La jerarquía de las virtudes profesionales: Ossorio rompe con el tecnicismo puro al proponer una escala de valores donde el conocimiento técnico ocupa los últimos lugares:

"En el Abogado la rectitud de la conciencia es mil veces más importante que el tesoro de los conocimientos. Primero es ser bueno; luego, ser firme; después, ser prudente; la ilustración viene en cuarto lugar; la pericia, en el último."

Acción vs. Titulación: La definición pragmática que zanja el capítulo:

"Abogado es, en conclusión, el que ejerce permanentemente [...] la Abogacía. Los demás serán solamente Licenciados en Derecho, muy respetables, muy considerables, pero Licenciados en Derecho nada más."
El perfil psicológico: El abogado no se improvisa; requiere una dualidad compleja: "reunir en una misma mente la elevada serenidad del patriarca y la astucia maliciosa del aldeano", manteniendo siempre la independencia frente al cliente y el respeto sin humillación ante el tribunal.

4. Vigencia y Reflexión Crítica

A pesar de haber sido escrito hace más de un siglo, el texto mantiene una vigencia notable en la actualidad jurídica iberoamericana:
La inflación de títulos: Sigue existiendo un divorcio entre la masificación de egresados de las facultades de derecho y el número de profesionales que verdaderamente viven la abogacía con mística, ética y dedicación plena.
La crisis de la educación jurídica: Su crítica a las aulas universitarias —muchas veces enfocadas en la memorización de códigos escritos en lugar de en la resolución práctica de conflictos, la ética y la comprensión de la naturaleza humana— sigue siendo un debate abierto en las facultades de derecho modernas.
La dignidad del oficio: El texto actúa como un recordatorio moral imprescindible: la abogacía no es un mero medio de subsistencia ni un estatus decorativo, sino una función social de alto voltaje ético orientada a la justicia y a la paz.

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