Caricaturas de Barrister (Abogados) en revista inglesa Vanity Fair

martes, 25 de agosto de 2020

408).-La taquigrafía Judicial; Consejeros del rey (King's Counsellor).-a



A quienes piensen que la taquigrafía es una práctica que está en vías de extinción a causa de los avances tecnológicos, esta nota les demostrará todo lo contrario, ya que esta disciplina, instalada hace más de un siglo y medio  como elemento indispensable para acompañar fielmente las sesiones del parlamento, sigue gozando de buena salud.

La taquigrafía o estenografía es todo aquel sistema de escritura rápido y conciso que permite transcribir un discurso a la misma velocidad a la que se habla. Para ello se suelen emplear trazos breves, abreviaturas y caracteres especiales para representar letras, palabras e incluso frases.

Historias

La idea de escribir a máquina fue consecuencia del afán de escribir que embargó a la Humanidad a fines del siglo XVII. Todos querían expresar su pensamiento y darlo a conocer, pero la vieja pluma de ganso, único instrumento con que contaban los escritores de la época, resultaba, además de gastable en exceso, demasiado lento.
Sin embargo, el primer ensayo serio realizado en esa dirección no fue puesto en práctica hasta 1714, cuando el ingeniero inglés Henry Ells obtuvo patente de invención por “una máquina que permitía imprimir letras separadamente, progresivamente, tal como se hace en la escritura manual… pudiendo ser de una gran utilidad y aplicación en Ios establecimientos públicos y oficinas”.

Así decía el inventor en la solicitud de su patente y como entonces, en Inglaterra, no se exigía la descripción completa del aparato, sino únicamente su utilidad o el objetivo para que se destinaba lo Inventado, Milis tuvo bastante con las palabras que hemos transcripto, las que solo permiten deducir que se trata de un aparato mecánico que escribía.
El siglo XIX, padre de la mecanografía práctica, comenzó dando al mundo un Invento, en 1808, del que apenas conocemos el aspecto sentimental que lo determinó. Un italiano llamado Pellegrino Turri, gran aficionado a la mecánica, construyó una máquina especialmente diseñada para que la hija del conde de Fantoni, ciega do nacimiento, pudiese escribir su correspondencia y se distrajera con su uso. Cuando la citada dama falleció, su familia hizo donación del aparato, como un recuerdo, al hijo del inventor, el sabio ítalo Giuseppe Turri. Y aquí se pierden definitivamente las huellas de este invento.
Le sigue de cerca, en orden cronológico, (1833) la primera máquina construida en Francia por el señor Progin, de Marsella, y de la cual ha llegado hasta nosotros un diseño dibujado por no sabemos quién. Se trata de una serie de palancas dispuestas en círculos las cuales convergen en el centro. Es la idea que más tarde imperó en la multitud de modelos que jalonan el camino seguido por los inventores para llegar a la moderna máquina de escribir.


En 1830, un ingeniero norteamericano, Austin Burt, demostró teóricamente la escritura mecánica, exponiendo los planos de una máquina de escribir que llamó “typograph” aunque, desgraciadamente, no pasó de proyecto.
Más tarde, en 1843, Charles Thurber, de la misma nacionalidad, construyó una máquina que lleva por nombre su apellido, cuyo diseño ha llegado también hasta nosotros. Se trataba de una rueda de grandes dimensiones llevando a su derredor las barras portadoras de las letras o tipos, como clavijas colgadas.
Ensayos más o menos felices se realizaron hasta el último tercio del pasado siglo. Leavite, en 1845, Foucault con una rudimentaria máquina en 1849, el norteamericano Ely Beach, que en 1857 ganó una medalla de oro en la Exposición Universal de Londres por lo ingenioso de su aparato, a pesar de que los hechos demostraron que’ no había resuelto el problema. Cooper y Harger, en 1853, House y Tomas Hall en el 65 y 67 respectivamente y, más tarde, John Pratt con su notable “pterotypus” fueron inventores que coadyuvaron a la consecución de la máquina moderna.

La Máquina Actual

La máquina que utilizamos hoy nació en los Estados Unidos en 1872; fueron sus inventores los ingenieros Byron, Brooks, Densmore, Fenne, Sholes y Yost. Se le dió el nombre de Rémington en recuerdo de los talleres donde se construyeron los modelos iniciales.
Antes de lanzar al mercado la máquina, sus autores hicieron más de treinta modelos distintos y aun tuvieron que experimentar, después de esa labor de benedictinos, el sinsabor de comprobar que no fué muy elogiada por el público. Uno de los constructores, el célebre Yost, que más tarde había de dotar al mundo con una de las máquinas más conocidas y perfectas, comprendió el defecto de la Rémington número 1, que sólo escribía letras mayúsculas, y se le ocurrió añadirle una palanca gracias a la cual, con las mismas teclas se podían escribir mayúsculas y minúsculas. Esta modificación caracterizó a la Rémington numero 2.

 La Industrialización.


A partir del momento que acabamos de describir, el asunto saltó de las manos de los inventores a las de los industriales. Con una rapidez vertiginosa fueron lanzados al mercado modelo tras modelo a razón de veinte o treinta por año. De 1867 a 1915 se presentaron más de 600 modelos de máquinas de escribir más o menos perfeccionadas.-
Para comprender el grado de progreso alcanzado basta saber que hoy las hay que escriben música, matemáticas, la propia letra de uno ejecutada mecánicamente, las que escriben a distancia, las que lo hacen sobre libros, las taquigráficas que son capaces de seguir la velocidad de la palabra, las que componen caracteres tipográficos según se va escribiendo y, mientras improvisa un periodista sus artículos va componiendo su trabajo para la imprenta, la de impresión automática, por aire comprimido, por electricidad, etc.
Una de las más notables curiosidades es la especialísima máquina “chinesse”, construida para escribir en chino. Fué inventada por el padre Sheffield, misionero de la American Board y presidente del colegio de Tug-Cho, capaz de escribir 400 caracteres de la lengua de Confucio.

Taquígrafo de tribunal.

Un taquígrafo puede escribir entre 120 y 140 palabras por minuto, pero no puede extender su tiempo de escritura por más de 15 minutos sin ser relevado y se requieren al menos entre 4 ó 5 taquígrafos para poder cubrir una hora de transcripción. En el caso de un Estenotipista, la velocidad alcanzada es superior a las 140 y 160 palabras por minuto y podemos cubrir perfectamente una, dos y más horas sin necesidad de relevo.


Los taquígrafos de tribunal trabajan en los tribunales realizando la transcripción literal de las audiencias. Anotan las declaraciones de los testigos, los alegatos, las conclusiones del juez, el veredicto y toda posterior imposición de pena.

Funciones

Los taquígrafos de tribunal escuchan con atención los procedimientos judiciales y los anotan mediante taquigrafía a máquina (o estenotipia).
La taquigrafía a máquina es un sistema de transcripción en la que se emplea un teclado especial que permite registrar palabras y frases enteras con sólo una tecla.
El taquígrafo de tribunal presiona un número determinado de teclas en combinación con una sola pulsación, en lugar de efectuar una pulsación para cada letra. La taquigrafía a máquina o estenotipia es, por consiguiente, mucho más rápida que la mecanografía tradicional.
A veces, el taquígrafo tiene que registrar todo lo que se dice, por ejemplo, cuando hay una declaración de culpabilidad en un juzgado de lo penal. En otras situaciones, los taquígrafos sólo toman nota cuando se les pide, por ejemplo, cuando un juzgado de lo penal ve un recurso procedente de un juzgado de lo civil.
Es responsabilidad del taquígrafo de tribunal producir una transcripción clara y precisa. Es posible que tenga que modificar su texto para asegurarse de que es gramaticalmente correcto y fácil de entender. Los taquígrafos de tribunal también pueden tener que comprobar hechos como nombres y citas de informes jurídicos, libros de texto, estatutos y documentos.
Conectando una máquina a una pantalla de televisión, los taquígrafos de tribunal proporcionan un servicio de transcripción a "tiempo real".
En ese caso, el taquígrafo reproduce el proceso como de costumbre y las palabras son traducidas por el ordenador a texto inglés y van apareciendo en la pantalla a medida que el taquígrafo las va escribiendo.
Hay dos razones principales para informar de lo que sucede en los juzgados. En primer lugar, en los casos prolongados, los abogados necesitan ver una transcripción de los procedimientos habidos durante el día que les informe sobre lo que ha ocurrido y los ayude a prepararse para la siguiente etapa del caso. En segundo lugar, cuando un caso llega a un juzgado de apelación, los profesionales del derecho utilizan la transcripción de la causa original como ayuda para prepararse y ver cómo se ha llegado a las decisiones en el momento del juicio original.




Stuart Cunningham Macaskie. An Edwardian Letters Patent Document & Seal In A ‘wickwar’ Red Morocco Leather Box With Royal Insignia.





sello


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Descripción

WICKWAR, fabricante, POLAND STREET, LONDRES

Un Documento de Patente de Cartas Eduardianas en vitela, junto con un sello de cera de doble cara en su caja de hojalata lacada en negro, contenida en una caja forrada en cuero rojo marroquí con llave original, estampada en la tapa con la Insignia Real. El Documento de Patente de Cartas en vitela fue presentado a Stuart Cunningham Macaskie * con motivo de su nombramiento como Consejero del Rey. Curiosamente, fue firmado por Muir Mackenzie en nombre del Rey el ..... 'veintiocho de enero del primer año de nuestro reinado' (1901), por lo que no dio tiempo suficiente para reemplazar la imagen de la reina Victoria. con el de Eduardo VII en el sello de cera. El documento de Patente de Cartas está escrito a mano y profusamente decorado con imágenes que incluyen el Escudo de Armas Real.

* Stuart Cunningham Macaskie (1853-1903) Barrister y Registrador, admitido en Grays Inn Chambers en 1875, llamado al barra en 1878, se convirtió en banco en Grays Inn en 1893, tesorero en 1899 y Consejero del Rey en 1901.


Description

WICKWAR, Manufacturer, POLAND STREET, LONDON

An Edwardian Letters Patent Document on vellum, together with a double sided wax seal in its black laquered tin box, contained in a red morocco leather covered box with original key, stamped on the lid with the Royal Insignia. The Letters Patent Document on vellum was presented to Stuart Cunningham Macaskie* on the occasion of his becoming a King's Counsellor. Interestingly, it was signed by Muir Mackenzie on behalf of the King on the.....' twenty eighth day of January in the first year of our reign' (1901), thus not giving enough time to replace the image of Queen Victoria with that of Edward VII on the wax seal. The Letters Patent document is hand written and profusely decorated with images including the Royal Coat of Arms, and is accompanied by associated documents including a hand written declaration of allegiance to be be read out by Macaskie during the ceremony.

*Stuart Cunningham Macaskie (1853-1903) Barrister & Recorder, admitted to Grays Inn Chambers in 1875, called to the Bar 1878, became a bencher at Grays Inn in 1893, the treasurer in 1899, and King's Counsellor in 1901.



En ciertos países de la Commonwealth, un consejero de la reina (c. r.) en inglés, Queen's Counsel —o consejero del rey cuando el rey es un hombre— es un eminente jurista designado por patente real. El primer consejo de la reina extraordinario fue Sir Francis Bacon, a quien se le dio una patente con prioridad en la Barra en 1597, y formalmente nombrado por el Consejo del rey en 1603.

El puesto de Consejero de la reina es un estatus honorífico conferido por la Corona por patente real y reconocida en los tribunales.​ Los nombramientos se realizan sobre la base del mérito y de un determinado nivel de experiencia. En general, debe haber sido por lo menos 15 años abogado (habitualmente un barrister, mas en Escocia, un advocate).

En algunos países, el asesor de la reina fue sustituido por un título menos monárquico, como Senior Counsel o State Counsel.​ En Canadá, la práctica ha hecho caer en desuso tal detalle: en Quebec y Ontario las nominaciones cesaron respectivamente en 1976 y en 1985, y a nivel federal la práctica cesó en 1993.​






En Inglaterra y en País de Gales, un consejero de la Reina puede portar una toga de seda de un diseño especial.

En 1839, había 70 Queen's Counsel. Para 1882, 187.​ En 1897, eran 238.
​ En 1959, Queen's Counsel eran 181.11​ En cada uno de los cinco años hasta 1970, el número fue 208, 209, 221, 236, y 262, respectivamente.
​ Y, de 1973 a 1978, 329, 345, 370, 372, 384, y 404, respectivamente. En 1989, 601.11​ Y, de 1991 a 2000, los Counsels fueron 736, 760, 797, 845, 891, 925, 974, 1006, 1043, y 1072, respectivamente.





Tiempo 

martes, 4 de agosto de 2020

407).-Quid pro quo, la frase favorita de Hannibal Lecter; y otras frases.-a.-

Luis Alberto Bustamante Robin; Jose Guillermo Gonzalez Cornejo; Jennifer Angelica Ponce Ponce; Francia Carolina Vera Valdes;  Carolina Ivonne Reyes Candia; Mario Alberto  Correa Manríquez; Enrique Alejandro Valenzuela Erazo; Gardo Francisco Valencia Avaria; Alvaro Gonzalo  Andaur Medina; Carla Veronica Barrientos Melendez;  Luis Alberto Cortes Aguilera; Ricardo Adolfo  Price Toro;  Julio César  Gil Saladrina; Ivette Renee Mourguet Besoain; Marcelo Andres Oyarse Reyes; Franco Gonzalez Fortunatti; Patricio Ernesto Hernández Jara;  Paula Flores Vargas; Demetrio Protopsaltis Palma; Nelson Gonzalez Urra ; Ricardo Matias Heredia Sanchez; Alamiro Fernandez Acevedo;  Soledad García Nannig;



La película “el silencio de los corderos” puso de moda la expresión latina “quid pro quo”. Casi todos recordamos aquella impactante escena en la que la agente Clarice Starling, del FBI, acude a prisión a pedir la ayuda del caníbal Hannibal Lecter para resolver un caso de asesinato.
A través de un cristal, Lecter asiente a la petición, pero con condiciones: “quid pro quo, Clarice…, yo te cuento cosas y tú me cuentas cosas”.
Eso del “quid pro quo” no es ni más ni menos, que una norma de convivencia y reciprocidad que aprendieron hace siglos los romanos y que nosotros utilizamos habitualmente en nuestras relaciones personales, afectivas, sociales o judiciales.
Es lo que popularmente conocemos como intercambio de favores.

El “quid pro quo” se emplea especialmente en los países anglosajones, mientras que en la Europa continental utilizamos una expresión similar: “do ut des”.
Sirve para designar la reciprocidad en algunas transacciones legales y comerciales como contratos y acuerdos recíprocos. Viene a ser algo así como “doy para que me des”. Es decir, te doy algo a cambio de algo.
En derecho civil, social, mercantil y también en los asuntos de familia, es muy frecuente el uso del do ut des. Con él se hace realidad una frase muy extendida entre los juristas que afirma “que siempre es mejor un buen pacto que un mal pleito”.
Aquí, también podríamos hablar de la donación remuneratoria, donde se da a alguien un bien o un regalo en base a unos servicios prestados desinteresadamente.
Tanto el “quid pro quo” como el “do ut des” forman parte de la esencia de la vida en sociedad, y es que la mayor parte de nuestros actos se rigen precisamente por esto. Te doy algo, pero si tu colaboras a cambio de otra cosa que a mi me interesa.

Este es el punto de equilibrio que responde a los principios generales de cualquier pacto o negociación. Y, que al mismo tiempo, hace que las relaciones humanas, y por ende la sociedad, avancen.
Vivimos en un mundo donde estos pequeños intercambios de favores son el motor de la existencia. Casi nadie da nada por nada. Todo se negocia. Se pacta.
Los viejos dichos “quid pro quo” o “do ut des” están tan vigentes como antaño lo estuvieron con los romanos, los padres fundadores de nuestro actual derecho.







Nelson gonzalez Urra



Nelson gonzalez Urra



Nelson gonzalez Urra



Nelson gonzalez Urra



Nelson gonzalez Urra



Nelson gonzalez Urra



Nelson gonzalez Urra



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