Caricaturas de Barrister (Abogados) en revista inglesa Vanity Fair

miércoles, 1 de julio de 2020

404).-Abogado penalista francés: Jacques Vergès; a.-

Jacques Vergès, fue uno de los mejores abogados franceses
 de su generación, que ganó fama en la segunda mitad del siglo pasado, 
como comunista y anticolonial y defendió una larga lista de clientes
 políticos, y famosos.


 La Estrategia de la Ruptura.

Jesús ante el procurador Pilatos, Sócrates ante tribunal de 500 de Atenas, Fidel Castro compareciendo ante el tribunal de justicia de Santiago, todos estos procesos tienen algo en común: la estrategia de ruptura. 
Jesús da cuenta de sus actos proclamando la divinidad de su reino frente a quienes lo acusan de llamarse rey de los judíos. Sócrates defiende palmo a palmo cada una de sus ideas, sus razones y, lo que escandalizaría a muchos abogados, el carácter premeditado de sus acciones con sus consecuencias. En ningún momento Sócrates niega los hechos, calla o apela a consideraciones atenuantes de ningún tipo frente a sus detractores, al contrario, pone de manifiesto que no lo hace ni por altanería o  desprecio, sino simplemente porque no le parece “bello”  recurrir a tales maniobras.   
Fidel Castro al haber perdido desastrosamente a casi la mitad de sus fuerzas en el fallido asalto al cuartel Moncada, enfrenta un juicio que debía ser la confirmación judicial y política de su derrota militar, pero éste lo transforma en la oportunidad para presentar una defensa de su proyecto, llevándola al extremo  explicando además el programa de gobierno que pensaba  implementar de haber logrado su propósito, elevando a la Historia como su juez. 

Según Jacques Vergès, los procesos judiciales se clasifican en dos: de connivencia y de ruptura, que se diferencian por la actitud de los acusados frente el juicio. En el primero, éstos se allanan ante el tribunal y sus reglas, es decir comparten implícitamente el mismo sistema de creencias y valores que sus jueces y colaboran con ellos. Mientras que en un proceso de ruptura se  desconoce al tribunal, sus agentes, las normas a las que responden y el orden que preservan, de tal modo los acusados se erigen en acusadores de sus enjuiciadores. 
La ruptura pone en cuestión todo el sistema judicial (leyes, jueces, procedimientos, etc.) poniendo al descubierto que éste en realidad es la voluntad del poderoso que se esconde detrás de la máscara de la ley. En un proceso de ruptura el acusado puede perder; pero siempre  gana al no renunciar a sus ideas y sus acciones frente a un régimen injusto.  En el caso de los militantes del Frente de Liberación Nacional de Argelia defendidos  por el abogado Jacques Vergès fueron condenados a pena de muerte y luego indultados.  
La ruptura requiere  reconocer que  La Justicia (con mayúsculas) no existe; pero sí existe  la justicia (con minúsculas) y sirve a los intereses de un grupo de poder; por lo tanto, no es apolítica ni responde a la virtud, equidad o a la convivencia armónica de la sociedad, su objetivo es defender los aspectos políticos, sociales y morales de un orden constituido. Entonces todo proceso implica un enfrentamiento político.  
Por ello, es preocupante ver que en los procesos por delitos políticos instaurados en nuestro país, los acusados han optado por una estrategia incomprensible: por un lado denunciar públicamente el carácter persecutorio de los enjuiciamientos; y por el otro colaborar en el ámbito judicial allanándose al proceso a través del uso del derecho a guardar silencio. 
Este derecho ha sido concebido principalmente para evitar la autoinculpación y apelar a éste es legitimar el proceso mostrándose conforme con el orden político-social que reivindica el sistema acusador. En este escenario el acusado suele estar perdido, pues sus opciones se reducen a declarar su culpa y buscar atenuar los cargos o declararse inocente y negar los hechos. 
La táctica de ruptura es la única que ofrece una oportunidad de ganar al acusado político en un juicio en el que no tiene opciones, continuar con la estrategia habitual de guardar silencio equivale a autocondenarse confiando en un milagro. 


(Ubon Ratchathani, Tailandia,  5 de marzo de 1925 – París, 15 de agosto de 2013)​ fue un abogado francés conocido por su comunismo anticolonialista y por defender a figuras polémicas como el criminal de guerra Klaus Barbie.


I.- Antecedentes
Interior of the Doge's Palace (Venice) - Sala del Collegio


Una correcta retórica es siempre uno de los pilares sobre los que debe de sostenerse un discurso filosófico o jurídico. San Agustín en Las Confesiones relata como, en su juventud, practicaba intensivamente la retórica en el foro de Cartago, pudiendo así poner en práctica todos sus conocimientos[1].

 La dialéctica de Veronés.

La retórica, en su modalidad de la dialéctica judicial, no es un arte sencillo. El Veronés en 1577 realizó una alegoría de la dialéctica para decorar la Sala del Colegio del Palacio Ducal de Venecia, donde la representa como a una joven Aracne tejiendo una tela de araña.
Es en esta tela de araña en la que deben de moverse todos los días los abogados y los fiscales en su práctica judicial. Por ello, es importante aprender como moverse dentro de este peligroso e inestable tejido para evitar quedarnos enredados en sus hilos y acabar siendo devorados por la araña.
Las fuentes del conocimiento de una buena retórica son muchas, siendo una de ellas el estudio del trabajo de otros colegas que en el pasado ya tuvieron que enfrentarse y resolver difíciles situaciones que pueden luego repetirse en la época presente.
Jacques Vergès et Klaus Barbie en proceso de. Lyon 1987


Una de estas figuras, que ha dejado su huella en el mundo judicial es el recientemente fallecido Jacques Vergès (5/3/1925- †15/8/2013).
Este letrado criminalista francés es popularmente conocido por haber sido el abogado defensor de un universo de criminales, políticos y famosos de alta talla.
Inscrito en el Colegio de abogados de París en 1.955, trabaja en primer lugar en el Despacho del letrado (AvocatJules Broker conocido por su activismo político. Poco después, y en el marco de la Guerra de Independencia de Argelia, se integra en una asociación de abogados que defiende a los militantes del FLN detenidos por las autoridades francesas.
En 1962, y tras la independencia de Argelia, se traslada a dicho país donde trabaja como Jefe de Gabinete del Ministerio de Asuntos Exteriores. En 1963 y tras su encuentro con Mao Tsé-Toung, abraza públicamente la doctrina maoísta, lo que tiene como consecuencia su inmediata destitución de sus funciones públicas en el Gobierno Argelino y su regreso forzado a Francia. En 1965, coincidiendo con la destitución del presidente Ben Bella, logra volver a Argelia donde trabaja como abogado hasta 1970.
En 1970 Vergès desaparece de la vida pública, siendo un misterio su actividad y paradero durante los siguientes ocho años.
En 1978 Vergès reaparece en París portando una pequeña fortuna cuyo origen nunca ha sido desvelado. A partir de dicha fecha, reinicia su labor como abogado asumiendo la defensa de los casos más mediáticos del momento; destaquemos los siguientes: Tarek Aziz, Klaus Barbie, el Terrorista Carlos "el Chacal" y posteriormente su compañera Magdalena Kopp, el general congolés Norbert Dabira, el Ministro de Costa de Marfil Mohamed Diawara, Khieu Samphân, que será uno de los tres dirigentes de los Jemeres Rojos juzgados por sus crímenes contra la humanidad; Slobodan Milosevic (de quien asumió inicialmente su defensa, aunque no le llegó a defender ante el Tribunal Penal Internacional); Moussa Traoré, antiguo presidente de Malí, Cheyenne Brando (hija del actor Marlon Brando) ..

Doctrina.

Pero su importancia doctrinal no se encuentra solamente en la defensa de una multitud de casos mediáticos, sino también en su extensa obra doctrinal y literaria -llegó a escribir más de treinta libros-, y en el hecho de que su trayectoria llegó a llamar la atención de dos de los filósofos franceses más conocidos del último cuarto del siglo XX: Jaques Derrida [2] y Michel Foucault [3] quienes se detuvieron a comentar su obra más importante: "De la stratégie judiciare[4]".
Nosotros nos limitaremos a analizar solamente dos aspectos parciales de su obra y de su práctica judicial. En Primer lugar estudiaremos lo que él mismo denominó como La Estrategia de la Ruptura y que practicó en los juicios de defensa de los terroristas del FLN durante la Guerra de Argelia; y en segundo lugar su planteamiento de defensa procesal de Klaus Barbie en 1987, y que será conocida como la Estrategia del Abogado del Diablo.

II. La Estrategia de la Ruptura.

Oficina

Antes de empezar a analizar la obra de Vergès, es necesario advertir que estamos ante un intelectual ecléctico en el que conviven fuentes doctrinales muy diversas, que se combinan con diferente intensidad según la época de su vida personal que se analice. De entre estas corrientes, Jonathan Widell, que acaba de publicar una tesis doctoral sobre Vergès [5], destaca las siguientes cuatro: su amor por Francia, su respeto por De Gaulle [6], su comunismo y su lucha a favor del anticolonialismo. Ideas todas ellas difíciles de conjugar si se quieren aplicar en sus más rígidos términos, y que dan una imagen sobre la personalidad compleja de Vergès.

Centrándonos en lo que se ha venido a conocer como La Estrategia de Ruptura, vemos que ésta es una táctica procesal desarrollada por Vergès al hilo de las singulares circunstancias que le tocaron vivir durante los juicios asociados a la Guerra de Argelia, y cuya doctrina sistematizó años después, en 1968, en su libro: 
"De la stratègie judiciaire".
Nosotros empezaremos nuestro estudio por la sistematización, primero de la obra escrita, para después explicar los hechos históricos judiciales que la originaron.

La primera nota a destacar del libro: "De la stratègie judiciaire", es que se trata de una obra fundamentalmente bolchevique, no solamente por la propia manera de argumentar, sino también por su contenido, siendo continuas las citas a las grandes figuras del panteón comunista: Marx, Lenin, Mao, Che Guevara .. Y teniendo en la obra un peso propio los trabajos del abogado marxista Marcel Willard.
En este libro sobre la estrategia judicial, Vergès contrapone dos tipos de actitudes que un letrado puede adoptar frente al tribunal que debe de juzgarlo: el de la connivencia o el de la ruptura[7].
caricatura


Según Vergés: 
"La distinción fundamental que determina el estilo del proceso penal es la actitud del acusado frente al orden público. Si lo acepta, el proceso es posible y constituye un diálogo entre el acusado que se explica y el juez cuyos valores son respetados. Si lo rechaza, el aparato judicial se desintegra, es el proceso de ruptura".
El planteamiento de la estrategia de ruptura es en la obra de Vergès la negación de la autoridad al sistema judicial.
Esta teoría tiene su origen en la carta de Lenin de 19 de enero de 1905 a Elena Stasova y a otros camaradas en Prisión en Moscú, que Willard recoge en su libro "Défense accuse: de Babeuf à Dimitrov[8]", y que Vergès adapta a la nueva coyuntura histórica que a él le toca vivir.
Según Lenin el planteamiento que debía seguirse en la defensa de Elena Stasova y sus camaradas debía de ser el siguiente: 

(I) No reconocer el derecho de la Corte a juzgar a los acusados y por ende proceder a boicotearla; 
(II) No participar en los procedimientos judiciales y a tal fin utilizar la figura del abogado con el exclusivo fin de explicar que el Tribunal carece de jurisdicción, siendo éste el argumento único que debe de esgrimirse en el juicio; 
(III) Utilizar por último el juicio como medio de agitación.
Esta carta motiva el comentario de Willard:
 "Autodefensa política y subsidiariamente jurídica, nada de defensas personales"[9].
Vergès pone como ejemplos de procesos donde predominó la estrategia de la ruptura: los de Sócrates, el de Luis XVI y el juicio de Leipzig de Gregori Dimitrov en 1933 [10].


El reverso de esta Estrategia de Ruptura, es la Estrategia de Connivencia. De acuerdo con Vergès: "la connivencia" hace que en el proceso se compartan entre el acusado y los magistrados destinados a juzgarle los fines políticos del sistema judicial y del poder político. Por el contrario "la ruptura" defiende los objetivos políticos del acusado, desafiando al mismo tiempo el sistema judicial.
Estos dos acercamientos entre el ciudadano y la justicia (la ruptura o la connivencia) reflejan la existencia o la falta de un acuerdo subyacente y tácito entre el sistema judicial y el acusado:
"el proceso tiene como función arreglar las contradicciones entre los individuos y las sociedades con el acuerdo, o al menos la aquiescencia, de los propios acusados"[11]
Dado que el éxito del juicio depende de dicha aquiescencia por el acusado, Vergès argumenta que el acusado puede decir "No" a la autoridad del sistema judicial frustrando el fin del proceso.
Por el contrario, lo que normalmente sucede es que el acusado, que no es consciente de que se necesita de su aquiescencia, acaba diciendo "" en contra de su voluntad. Vergès llama a dicho consentimiento otorgado en contra de la voluntad del acusado como una "falsa connivencia" o una "ruptura no reconocida"[12].
En unión a lo anterior, Vergès rescata el concepto de "agitación", tan utilizado en el mundo bolchevique, para darle un nuevo enfoque mientras lo adapta al procedimiento judicial.
Según Vergès, la defensa nunca tiene que olvidar que los tribunales están constituidos por aquellos que detentan el poder, para obtener a través de la práctica judicial un fin político. El sistema judicial es un organismo inherentemente político porque sirve a los intereses del Estado. Esta acción la ejercitan no solamente los fiscales sino también la judicatura[13].
Bajo este planteamiento Vergès estima que el acusado debe exponer en el proceso la causa política subyacente, tanto más cuanto que es la propia política la que determina la legitimidad del tribunal que va a enjuiciarle[14].
Este planteamiento en cierta manera ya había sido adelantado por los bolcheviques, quiénes propugnaban que se utilizasen los juicios contra sus afiliados como medio para expandir las ideas marxistas. Vergès, quien abandonó en 1957 el Partido Comunista Francés por su tibieza a la hora de apoyar el anticolonialismo, no considera que las ideas a expandir en todo juicio debían de ser las comunistas, sino que centra su defensa política en torno a tres puntos: El entusiasmo revolucionario, una llamada al Derecho Internacional Público y una llamada a la opinión pública.
Esta línea es la que se recoge en su libro, "De la stratégie judiciare", y la que desarrollará en la defensa judicial de los argelinos insurgentes contra Francia durante la Guerra de Independencia de Argelia. Vergès manifestó a posteriori, refiriéndose a dichos juicios:
 "Era consciente de que la condena de los acusados estaba programada dentro del marco estrecho del proceso, pero esta relación de fuerza podía cambiar si entraba en juego la opinión pública internacional. Por lo tanto consideré el pretorio como un campo de batalla que tendría que hacerse público, a fin de que pudiese luchar en situación de igualdad con los jueces"[15].

Djamila Bouhired ( 1935-)

El caso más paradigmático, en el que se da origen y en el que se provoca la denominada Estrategia de la Ruptura, es el del juicio a la terrorista argelina Djemila Bohuired [16], que era acusada de participar en el atentado terrorista acaecido el 26 de enero de 1957[17] y también de almacenar material explosivo para fines terroristas.
Siguiendo el relato del proceso en las propias palabras de Vergès[18], cuando a él se le asigna el caso en 1957, la primera noticia que tiene de su cliente es que está detenida en un hospital de Argelia y que estaba sufriendo allí mismo, en la propia cama del hospital, torturas por parte de los paracaidistas franceses.
Sin embargo, no se le permite contactar inmediatamente con la detenida, teniendo que esperar hasta más de siete días, a partir de su puesta a disposición judicial, para poder entrevistarse por primera vez con ella.
Bajo estos antecedentes se inicia un proceso, en el cual, según Vergés, el diálogo entre la defensa y los jueces deviene imposible. Para los jueces, Djemila no era más que una asesina y una primate como ellos mismos la denominaban, y el mismo Vergès no era más que un traidor a la patria francesa por defender a una terrorista argelina. Por lo tanto, Vergès se percata que ni los Jueces eran capaces de comprenderles, ni tampoco los abogados de la defensa y los acusados, eran capaces de ponerse en su lugar y de comprender su manera de razonar. El juicio se convierte en palabras de Vergès en un "mitin" por asesinato por parte del Tribunal.

Juicio.

Vergès pone el siguiente ejemplo sobre el imposible diálogo entre la acusada y los magistrados. El juez decía: "Usted es francesa" y la acusada respondía: "No, soy argelina"; el Juez decía: "Usted está acusada de formar parte de una organización para delinquir", y la acusada respondía: "yo soy miembro de una organización de resistencia"; El juez decía: "Vd. ha cometido un asesinato" y la acusada respondía: "He ejecutado a un traidor". Y así hasta el infinito.
retrato


A esta situación, hay que unir el hecho de que Jean- Baptise Biaggi, quien apoyaba políticamente a los colonos franceses de Argelia, vino a comunicar a Vergès, que los ultras habían realizado un pacto, quince días antes de celebrarse el juicio, con el Ministro Residente de Francia, Robert Lacoste, para que Djamila fuese ejecutada[19].
Es en ese momento, en el que según Vergès, nace la necesidad de realizar "una defensa de ruptura", donde el objetivo no es por lo tanto el de convencer a los magistrados que iban a decidir el caso, como aconsejaban realizar los abogados de izquierda, sino por el contrario, el objetivo es el de provocar incidentes y escándalos en la sala de vistas que hiciesen que se hablase del juicio en Paris en Londres o en Bruselas.
Uno de los medios de los que se vale Vergès en dicha estrategia, es el de convertir al acusado en acusador a través de la impugnación de la legitimidad del Tribunal para poder juzgar los hechos. Esta contestación, le permite a Vergès al mismo tiempo, presentar a Djemila frente a la opinión pública internacional como el verdadero rostro de la revolución argelina.
Esta estrategia acabó dando sus frutos, si bien no en sede judicial, donde dicho proceso terminó con cinco condenas a muerte, entre ellas la de la propia Djemila, sino en sede política.

Tras haber convertido Vergès el caso de Djemila en un asunto de interés internacional, se pide por parte de la Defensa la gracia al Presidente de la República Francesa. Dicha petición es sostenida en el momento de su presentación por un gran número de personalidades internacionales, entre ellos: Nehru, el Presidente de Jordania, 76 diputados ingleses, y Ho Chi Minh.
Esta campaña judicial-mediática acaba dando sus frutos, y finalmente el Presidente Coty acuerda dicha gracia permutando la condena a muerte por una condena perpetua de trabajos forzados. La condena tampoco será cumplida en su integridad, pues los Acuerdos de Évian de 1962, que pusieron fin a la Guerra de Argelia, incorporaron una serie de medidas de amnistía muy amplias de las que se beneficia la propia Djemila.

En los tribunales

Jacques Derrida resume con bastante clarividencia como aplica el propio Vergès su propia doctrina de la ruptura:

"Lo que sería interesante analizar de más de cerca ... es la estrategia de Vergès... La forma en que él litiga. Su estrategia de ruptura... (Vergès) negocia; aún con todo se presenta a sí mismo como un abogado, hace su trabajo de abogado, utiliza todos los recursos de la Ley, mientras que radicalmente contesta la legitimidad de la Ley y todas sus consecuencias: las políticas y el cinismo y la hipocresía política que requieren la aplicación de la Ley, donde por otra parte el mismo se ubica. ¿Hace todo esto en nombre de la ética de la política o de otra clase de ley? Esta es una cuestión muy difícil que, en mi opinión no se puede abordar sin traer al inicio del debate todos los argumentos de nuevo. (...) Encuentro muy fuerte y muy sólido el discurso de Vergès, por muy chocante que pueda aparecer ...".

Bajo dichas circunstancias históricas podemos concluir que a efectos prácticos lo que Vergès denomina Estrategia de Ruptura consistió en lograr que la opinión pública internacional se interesara por sus juicios, simpatizase con sus defendidos; mientras que él mismo alargaba lo máximo posible los procedimientos judiciales hasta que se produjese un cambio político -que sus propios juicios también impulsaban-, que beneficiase a sus clientes en forma de perdón.
El propio Vergès se ufanaba en vida de la efectividad de esta estrategia durante los juicios de Argelia, diciendo que había asistido a decenas personas sin que ninguna de ellas hubiese sido al final ejecutada.

III. El Abogado del Diablo.

En  oficina

Una evolución de la dualidad entre la ruptura y la connivencia, es la transformación en lo que se conoció posteriormente como la Estrategia del Abogado del Diablo, en la cual Vergès opone al acusado (como individuo) contra el sistema judicial. 

La Estrategia del Abogado del Diablo obtuvo su máxima expresión en la defensa que Vergès realizó de Barbie[20].

Klaus Barbie, alemán de origen, se había integrado en 1935 en la Gestapo, siendo trasladado en 1942 a Lyon como jefe local de la Gestapo, ciudad donde se ganó su apodo de "el carnicero de Lyon". Entre los crímenes más graves por los que se le acusaba se encontraba la captura de 44 niños judíos de un orfanato en Izieu y su deportación a Auschwitz; la captura, tortura y posterior muerte de Jean Moulin, el miembro de la Resistencia francesa de más alto rango jamás detenido por los nazis; la deportación de un discutido pero ingente numero de personas a Auschwitz, entre ellas el envío el 11 de agosto de 1944 de un último convoy de deportados con 650 franceses.

Lo primero a destacar en el caso de Barbie es que hay que reconocerle a Vergès la valentía de haber asumido en solitario una defensa que pocos letrados querrían para si mismos. Cuando Vergès llega a Lyon en febrero de 1983, la defensa la estaba llevando el letrado Alain de la Servette, presidente del Colegio de Abogados de Lyon, junto con su asistente, Robert Boyer, antiguo sacerdote jesuita. Esta defensa estaba resultando muy incómoda a de la Servette; por un lado, estaba recibiendo amenazas de muerte por defender a Barbie, y por otro los círculos católicos veían con incomodidad que un antiguo sacerdote defendiese a un criminal de guerra nazi, pues podría interpretarse de que era la propia Iglesia la que asumía dicha defensa. Así que al poco tiempo de unirse Vergès al equipo de defensa, de la Servette se encontró excusado para continuar con el trabajo y renunció en nombre de su Despacho al encargo, dejando solo a Vergès con la tarea de la defensa[21].

Juicio de Klaus Barbie

Así pues, Vergès inicia la defensa en un proceso en el que se sienta él solo en los estrados para defender al acusado, mientras que enfrente, en la acusación, participan de forma conjunta cerca de 40 letrados.
El día del alegato final (1-7-1987) Vergès se hace acompañar por dos letrados amigos suyos: Me Jean-Martin Mbella, congolés, y Me Nabil Bouaïta, argelino.

Vista tomada sobre las escaleras del Palais de Justice en Lyon. De
izquierda a derecha: Me Mbemba y Bouaïta, abogados defensores.




Es más, al no querer hacer comparecer voluntariamente ante la sala al acusado, Vergès provoca decididamente que todas las miradas en la sala no se dirijan contra Barbie, sino contra el equipo de abogados que lo defienden. Se crea así la paradoja escénica de ver como un mestizo franco-vietnamita (Vergès); un negro (Mbella) y un magrebí (Bouaïta) son acusados de crímenes ligados al nazismo por un océano amplio de abogados de pura raza blanca.
En su alegato final, y tras las vicisitudes propias de la práctica de la prueba de un juicio de estas características, Vergès da un golpe de timón a todo lo que había sido hasta ese momento el proceso penal.
De nuevo Vergès realiza una defensa de contrastes, queriendo cambiar en todo momento su posición de acusado a acusador; así y a pesar de que Barbie es presentado por la acusación como un monstruo fanático que ha adoptado una ideología racista y represora, Vergès no entra en ese debate, es más le da la vuelta al planteamiento haciendo él mismo un homenaje a las víctimas del racismo, del antisemitismo, del infanticidio y de los franceses muertos en la resistencia.

El planteamiento dialectico que utiliza para darle la vuelta a la posición procesal, es el de intentar traspasar al defendido virtudes y honores propios del abogado que realiza su defensa.
Vergès había participado en la guerra junto con De Gaulle, alistándose en las fuerzas de la Francia Libre cuando todavía era menor de edad, y combatiendo en África, en Italia y en la propia Francia. Posteriormente y tras la guerra, como hemos visto, él mismo fue uno de los abogados más activos en la defensa de las causas anticolonialistas, hasta el punto de que sus defensas vehementes le habían costado una sanción de suspensión como abogado por un año por parte del Colegio de Abogados de París.
Bajo dichas circunstancias, él más que ningún otro reclama su derecho inalienable a hablar en el juicio a favor de la Resistencia francesa, pues él mismo formó parte de tal Resistencia, y de las víctimas del racismo, pues él mismo, también, en nombre del pueblo argelino había sufrido por dichas causas.




Este cambio de posición en el campo de batalla procesal, le permite argumentar con mayor libertad. Así se plantea la siguiente cuestión: 

¿Qué delitos se le imputan a Barbie: crímenes de guerra o crímenes contra la humanidad?.

Si son crímenes de guerra- dado que bajo los mismos el General de Gaulle había presentado la acusación contra Barbie en 1944, y bajo los mismos había sido juzgado en rebeldía en Francia y condenado- dichos delitos estarían prescritos.
Si por el contrario son crímenes contra la humanidad, como ahora lo estaba planteando la Acusación, no estarían dichos crímenes prescritos. Y aquí surge la cuestión:

¿Es correcto aplicar unas leyes penales creadas para los Juicios de Núremberg con carácter retroactivo al momento en que fueron promulgadas?.

 ¿Es posible sancionar con leyes modernas comportamientos que eran legalmente correctos en el momento en que se cometieron?.

Y aquí, en este punto, utiliza la técnica que algunos psicólogos llaman de "retrochoque cultural", en el sentido de que los puntos negativos de una cultura solamente se perciben por las personas externas a la misma.
En el juicio de Barbie se están juzgando unos crímenes cometidos por soldados de otro pueblo distinto del francés, el alemán, en un periodo histórico en el que la sociedad alemana estaba embebida de forma mayoritaria por una ideología concreta, el nacional socialismo. Así los franceses juzgan de acuerdo con sus valores que esa ideología no es sólo incorrecta sino criminal, y la sancionan condenando a sus figuras más importantes de acuerdo con una normativa externa a la del pueblo alemán y que ha sido promulgada con posterioridad a la caída del régimen nazi.


¿Y qué sucede con Francia, podría estar ocurriendo lo mismo sin que sus ciudadanos se diesen cuenta?

En su oficina

En este punto, Vergès, le da la palabra a sus compañeros de estrados para que ellos mismos en el alegato final le recuerden al jurado, y por extensión a toda la sociedad francesa que está siguiendo el juicio a través de los medios de comunicación, que en Francia si bien no prendió la llama el fascismo, sí que prendió la llama del colonialismo, y que crímenes similares a los cometidos por los nazis fueron cometidos por los franceses en sus colonias africanas en el mismo momento en que tomaba el poder Hitler en Alemania, más concretamente en la construcción del ferrocarril en el Congo [22]; y aún después de haber terminado la Segunda Guerra Mundial, en la represión en Madagascar en 1947[23] y durante la Guerra de Argelia.

Si se aplicaba la categoría de crímenes contra la humanidad a los hechos que se le imputaban a Barbie, se debería utilizar el mismo criterio contra los crímenes y abusos cometidos por los franceses durante su época colonial, pues según Vergès "los horrores no se sitúan siempre en un único campo".
Lo que ha sucedido, según Vergés, es que estamos ante una justica de los vencedores, que son los que han detenido a Barbie y que son los que han preparado el caso contra él.

 Así, si se utiliza la noción de crímenes contra la humanidad, sin extender su campo de actuación a todo el planeta, sino como "un arma orientada hacia el pasado", puede convertirse en un tipo de "avión de bombardeo", en "un arma de propaganda donde el vencedor se atribuye todos los valores humanos, y se los niega a su vecino, para prolongar su victoria sobre los vecinos".
La Humanidad no puede alegarse solamente "a favor del hombre blanco europeo o americano", sino a favor de todos los ciudadanos del planeta, y como en la práctica no sucede así no puede aplicarse la figura penal de "crímenes contra la humanidad".
Este razonamiento según Vergès le quita todo valor a las leyes de Núremberg, que solamente tuvieron su valor para el tribunal de excepción que en dicho momento histórico se constituyó, bajo las presión de unas circunstancias históricas concretas, que en el momento del juicio de Barbie ya no existían.
Éste es el planteamiento de partida y que expone en el primer día de su alegato final. En el segundo día, y ya habiendo cambiado el paso a la acusación, Vergès, inicia una exposición sobre todas las irregularidades que en materia de instrucción y de prueba se habían producido durante el procedimiento y que a su parecer hacían inconsistentes las evidencias sobre las que se sostenía la acusación (la desaparición durante varios meses del dosier del procedimiento de la secretaria del juzgado, la existencia de un telex incriminador que según la defensa era un fotomontaje, la incorrecta trasferencia de Barbie de Bolivia a Francia..).
Todo lo cual, le lleva a calificar irónicamente a este proceso como de un "procedimiento mágico".
Su argumentación la completa, recordando que Barbie tenía en el momento de cometer los hechos la legalidad francesa a su favor. Por lo que adosarle a Barbie la responsabilidad de organizar viajes de deportación de personas, equivaldría a adosarle hoy en día la responsabilidad a un comisario por las imperfecciones de todo el sistema penal en vigor.

El razonamiento con el que resumió su exposición es que las violaciones de los principios legales son, como poco, potencialmente tan serias como los crímenes contra la humanidad por los que era acusado Barbie. Dos equivocaciones no podían dar como consecuencia un acierto.
Este planteamiento, durante la primera sesión del alegato final, tuvo un inmediato efecto trastornante, especialmente en la acusación. Los fiscales y abogados de la acusación no pudieron escuchar pacíficamente el alegato de Vergès y el de sus colegas, e interrumpieron constantemente su discurso para mostrar su disconformidad, pidiendo que se les concediese un turno de palabra final cuando hubiese terminado sus conclusiones. A pesar de la oposición de la defensa, los Magistrados responsables, accedieron a dicha petición y permitieron que en este juicio la última palabra la tuviese la acusación y no la defensa.
Finalmente Barbie fue condenado el 4-7-87 por crímenes contra la humanidad y sentenciado a cadena perpetua, falleciendo en prisión cuatro años después.
Por su participación en esta defensa, Vergès fue llamado por la prensa "el abogado del diablo". Vergès hizo suyo dicho apodo pero dándole un sentido diferente al usado por la prensa. Según Vergès, él mismo era consciente que no podía ganar este caso, pero al aceptar la defensa quiso usarla para otro fin complementario.
En el proceso canónigo, el advocatus diaboli es la persona que se opone a la santidad del beato que se quiere ascender a los altares. Según Vergès, él mismo se quería oponer a que el sistema francés se santificase por medio de la causa contra Barbie haciendo olvidar sus propios crímenes coloniales[24].

En su ensayo "The Force of Law", Derrida realizará el siguiente comentario: 
".. la figura del "gran criminal" ..es alguien que, desafiando la Ley, permanece desnudo frente a la violencia del sistema legal, del sistema jurídico en si mismo. Uno podría explicarlo en la misma manera en que existe una fascinación en Francia hacia un abogado como Jacques Vergès, quien defiende los casos más difíciles, los más indefendibles a los ojos de la mayoría, practicando lo que él mismo llama "la estrategia de ruptura", esto es, la radical contestación del propio orden legal, de la autoridad judicial y en último lugar de la legitimidad de la autoridad del Estado que convoca a sus clientes a comparecer delante de la ley"[25].
Llegados a este punto, y como quiera que no llegué a conocer a Vergès, le pasé esta pequeña síntesis a mi amigo, Armando Zippo[26], quien sí que lo conoció, para que revisara este texto. Cuando me devolvió el artículo junto con sus correcciones, me comentó lo siguiente:
 "Vergès pertenece a un conjunto de abogados que destacaron en su época por su gran oratoria como Tixier-Vigancour[27] o Jacques Isorni, pero además su mérito reside en haberse ganado la valoración de sus adversarios, personas con posiciones políticas tan antagónicas como Roland Dumas, el General De Gaulle, o el propio Isorni[28] antes citado, quienes le profesaron siempre un gran respeto".
Seguramente sería así. También son para recordar las palabras que pronunció el ex presidente del Consejo Nacional de la Abogacía Francés, Christian Charrière-Bournazel, con motivo de la muerte de Vergès:

 "Un abogado no es un mercenario, es un caballero, y Vergès era un Caballero."[29]


 
Notas

En su despacho.
[1] San Agustín, Las Confesiones, Ediciones Palabra S.A., Madrid, pág.45.

[2] Derrida expresó su posición sobre la estrategia de Vergès en su conocido ensayo The Force of Law, The Mystical Foundation of Authority, Cardozo Law Review, Vol.11, 1990 (En el siguiente enlace está disponible una versión bilingüe en francés y en inglés de dicho ensayo: http://roundtable.kein.org/node/607 ); Así como en varias entrevistas. Una de estas entrevistas de Derrida en la que se refiere a la obra de Vergès fue publicada en "Ethics and Politics Today" en el 2002 (Negotiations – Interventions and Interviews, 1971-2001, Stanford, Stanford University Press, 2002, pág. 308).

[3] Foucault y Vergés fueron miembros a los inicios de la década de los ochenta de un foro de activistas denominado: Défense Libre, que luchaba por el derecho de defensa de aquellas personas que según sus criterios estaban detenidas por motivos políticos. A este punto se refiere Foucault en su libro, Dits et écrits, Paris Gallimard, 1994. Págs. 130-134. Igualmente, Foucault, acompañó a Vergès en la presentación de la reedición de su Libro, De la stratègie judiciaire, en 1981.

[4] Publicado en 1968 por primera vez en Francia por la Editoria Minuit. Nosotros trabajaremos con su reedición de 1981. En España ha sido publicado recientemente por la Editorial Anagrama bajo el título: Estrategia Judicial en los Procesos Políticos, 2009.

[5] Jonathan Widell, Jacques Vergès, Devil's Advócate, A Psycohistory of Verg's Judicial Strategy, Faculty of Law, Mac Gill University, Montreal, April 2012.

[6] Sobre este punto se expresa en la entrevista que se puede encontrar en el siguiente enlace: http://www.youtube.com/watch?v=HGsVa7aeO1I

[7] Jacques Vergès, De la stratègie judiciaire, Paris, Minuit, 1981, pàg. 19. Traducción propia.

[8] Willard, Défense accuse: de Babeuf à Dimitrov, Paris, Éditions Sociales Internationales, 1938.

[9] "Autodéfense politique et, subsidiairement, juridique. Pas de défense personelle"

[10] Dimitrov fue acusado de incendiar el Reichstag en 1933, pero fue absuelto gracias a una argumentación efectiva.

[11] Jacques Vergès, De la stratègie ... Op. Cit. Pág. 19. Traducción propia.

[12] Jacques Vergès, De la stratègie ... Op. Cit. Pág. 18. Traducción propia.

[13] "La société est une société de brutalités où certains dominant d'autres, et le droit est fait pour mantener cette situation. C'est une question d'ordre public". Jacques Vergès, Alain de la Morandais, Avocat du diable, avocat du Dieu, Paris Presses de la Renaissance, 2001, pág. 201. Esta obra es una conversación entre Vergés y el sacerdote católico Alain de la Morandais, estructurada sobre los siete pecados capitales. Ha sido el propio Alain de la Morandais quien celebró el funeral de Jacques Vergès el pasado 20 de agosto en la Iglesia de Santo Tomás de Aquino en Paris (VIIe).

[14] Jonathan Widell, Jaques Vergès,.. Op. Cit. Pág.38.

[15] Jonathan Widell, Jaques Vergès,.. Op. Cit. Pág.70. Traducción propia.

[16] Quien se convertiría después en su esposa y madre de sus dos hijos, y de la que acabaría finalmente divorciándose.

[17] Este atentado en unión de otros dos perpetrados simultáneamente el mismo día, causaron la muerte de 4 personas y dejaron otros 40 heridos.

[18] Veàse: 

[19] Jonathan Widell, Jaques Vergès,.. Op. Cit. Pág. 100.

[20] El alegato final de Vergés puede verse en la siguiente dirección de internet: http://www.youtube.com/watch?v=voU62pHZ1dc

[21] Jonathan Widell, Jaques Vergès,.. Op. Cit. Pág. 230.

[22] Bajo la administración colonial francesa, en 1921, la Société de Construction des Batignolles inició la construcción del Chemin de Fer Congo-Oceán, para atravesando la selva, comunicar entre sí las ciudades del Congo Francés de Mbinda y Brazzaville, y también con la ciudad portuaria de Pointe Noire. En los trabajos de construcción de dicho ferrocarril se utilizó mano de obra forzada traída del Chad y de la República Centroafricana. Se estima que en la construcción de dicho ferrocarril murieron alrededor de 17.000 personas por causas ligadas a accidentes de trabajo y a las enfermedades tropicales, especialmente por la malaria.

[23] En referencia a la revuelta Malgache que acaeció en Madagascar entre 1947 y 1948. Las cifras de los fallecidos entre la población autóctona por la posterior represión francesa varía según las fuentes. El Estado Mayor francés dio la cifra de 89.000 muertos, aunque hay historiadores que aumentan dicho número hasta más del doble.

[24] Jonathan Widell, Jaques Vergès,.. Op. Cit. Pág. 253.

[25] Jacques Derrida, The Force of Law ... Op. Cit. Pág. 987. Traducción propia.

[26] Politólogo y economista italiano. Antiguo Funcionario de la Comunidad Europea y de Naciones Unidas.

[27] Jean-Louis Tixier-Vignancour (12/10/1907 -†29/9/1989). Parlamentario y abogado francés. Fue el defensor del General Salan en 1962.

[28] Jacques Isorni (1911-†1995). Abogado francés asociado a los grupos de derecha. Fue el abogado defensor de Pétain, posteriormente durante los procesos derivados de la Guerra de Independencia de Argelia defendió a los ultras partidarios de una Argelia francesa.

[29] Edición digital de la Razón, 16-8-2013.



Autor: José Vicente Rubio Eire



Jacques Vergès

 (Ubon Ratchathani, 5 de marzo de 1925 – París, 15 de agosto de 2013)​ fue un abogado francés, conocido como "el abogado del diablo" por defender a figuras infames como el criminal de guerra nazi Klaus Barbie o el negacionista del Holocausto Roger Garaudy.

Biografía

Nacido en Ubon Ratchatani, Tailandia, era hijo de una institutriz vietnamita y de Raymond Vergès, cónsul francés. Su madre murió cuando tenía tres años y su familia se trasladó a la isla de Reunión.
 A los 17 años dejó la isla y se unió al ejército de Francia Libre, radicado en París. En 1945 ingresó en el Partido Comunista Francés y más tarde fue secretario de la Unión Internacional de Estudiantes con sede en Praga (1952-1954), así como defensor de combatientes del Frente de Liberación Nacional de Argelia, incluyendo la que sería su mujer desde 1965, Djamila Bouhired.
En 1957 abandonó el PCF. Cuando Argelia se independizó en 1962, Vergès se instaló en Argel, convirtiéndose en jefe de gabinete del ministro de Asuntos Exteriores, y fundando la revista Révolution africaine, financiada por el FLN. A partir de 1963 se produce un cambio en su ideología, acercándose a tesis maoístas. Destituido de sus funciones vuelve a París, donde funda la primera revista maoísta francesa, Révolution. En 1965, tras la destitución de Ahmed Ben Bella, Vergès regresa a Argelia, permaneciendo allí hasta 1970. Entre 1970 y 1978 desaparece de la vida pública, constituyendo un misterio su paradero.

Entre sus clientes estaban Djamila Bouhired (1957-1962) y el antiguo jefe de Estado Khieu Samphan de los Jemeres Rojos (2008), revolucionarios como Ilich Ramírez Sánchez (alias Carlos el chacal) (1994), criminales de guerra como el nazi Klaus Barbie​ (1987) y negacionistas del holocausto, como Roger Garaudy. En 2002, se ofreció a representar al antiguo presidente de Serbia Slobodan Milošević, aunque este declinó cualquier abogado.

Su autobiografía se llama "El Brillante Bastardo". Los medios de comunicación lo conocen como "el abogado del diablo", y él parecía disfrutar con esa fama y daba respuestas provocativas en entrevistas.
 Cuando se le preguntó si habría defendido a Hitler, Jacques Vergès contestó: 
"incluso defendería a Bush. Pero sólo si se declara culpable".
Funeral.

Jacques Vergès murió el 15 de agosto de 2013 de un infarto en París a la edad de 88 años. Sus funeral se celebra el 20 de agosto de 2013 en la iglesia de Saint-Thomas-d'Aquin , por el padre Alain de la Morandais , uno de sus amigos más cercanos. Jacques Vergès está enterrado en el cementerio de Montparnasse , en las inmediaciones del actor Bruno Cremer.
Vergès murió arruinado, dejando tras de sí 600.000 euros en varias deudas  : en concreto, ya no pagaba sus alquileres ni sus impuestos. Su viejo amigo Roland Dumas lo confirma: 
“Al final, le presté dinero. Se lo debía a las autoridades fiscales, 
a la Seguridad Social . Me estaba llamando para pedirme que
 lo ayudara. " .
Gasto de su funeral (20.000 euros) lo habría pagado el Ilustre Colegio de Abogados de París. Los dos hijos del abogado, Meriem y Lies, renuncian a la herencia.

Educación.



Frases de Jacques Verges.

Es bueno que la sociedad tiene esta introspección.

Todo el mundo tiene derecho a ser defendido, y cada abogado tiene el deber de defender a personas acusadas. Y mi oficina es que lo defienda, para discutir el punto acusación por punto, ya que creo que es un paso normal en una democracia.





Obituario: abogado francés Jacques Verges
Por Patrick Jackson
BBC News
16 de agosto de 2013

Comenzó su vida como un luchador de la Resistencia francesa en la guerra contra Hitler y terminó defendiendo al criminal de guerra nazi Klaus Barbie en los tribunales, solo una de las muchas ironías en la vida de Jacques Verges, quien murió a los 88 años.
El abogado fue apodado el "abogado del diablo" por su agresiva defensa de Barbie y otros clientes de alto perfil acusados ​​de atrocidades.
Era un hijo de las colonias francesas, que dedicó su carrera temprana al comunismo y al antiimperialismo, pero admiraba al héroe de guerra francés, el general Charles de Gaulle.
Hizo famosa la estrategia de la "defensa por ruptura" mediante la cual el abogado busca romper el caso contra su cliente socavando la autoridad misma del tribunal.
Algunos cuestionarían la frecuencia con la que se hizo justicia con tales tácticas, pero Verges logró sumar puntos políticos, trabajando los medios de comunicación de maneras que impresionaron a los contemporáneos.
Y, sin embargo, para los medios de comunicación a los que cortejó, sigue siendo un hombre misterioso, que una vez aparentemente desapareció de la faz de la Tierra durante ocho años.


Anexo: Ejemplo de estrategia de ruptura.


Fotografías del juicio.



El incendio del Reichstag  fue un incendio perpetrado contra el edificio del Reichstag en Berlín, el 27 de febrero de 1933. La responsabilidad del incendio sigue siendo un tema de permanente debate e investigación;​ Marinus van der Lubbe, un joven comunista neerlandés de 24 años, fue culpado del suceso por el Gobierno alemán del canciller Adolf Hitler. Van der Lubbe era un albañil desempleado que había llegado recientemente a Alemania, y que fue capturado en el lugar del incendio. Admitió haber prendido fuego al edificio, por lo que fue sentenciado a muerte y ejecutado diez meses después. El incendio fue utilizado como «prueba» por los nazis para acusar a los comunistas del KPD de conspirar contra el Gobierno y está considerado un hecho fundamental en el establecimiento del Tercer Reich.

Proceso.

En julio de 1933, Marinus van der Lubbe , Ernst Torgler , Georgi Dimitrov , Blagoi Popov y Vasil Tanev fueron acusados ​​de prender fuego al Reichstag . Del 21 de septiembre al 23 de diciembre de 1933, tuvo lugar el juicio de Leipzig y fue presidido por jueces del Tribunal Supremo alemán, el Reichsgericht. Este fue el tribunal más alto de Alemania. El juez presidente fue el Magistrado Dr. Wilhelm Bünger.  Los acusados ​​fueron acusados ​​de incendio premeditado y de intento de derrocar al gobierno. 



El juicio de Leipzig fue ampliamente publicitado y transmitido por radio. Se esperaba que el tribunal declarara culpables a los comunistas de todos los cargos. El juicio comenzó a las 8:45 de la mañana del 21 de septiembre, con el testimonio de Van der Lubbe. El testimonio de Van der Lubbe fue muy difícil de seguir cuando habló de perder la vista en un ojo y vagar por Europa como un vagabundo y que había sido miembro del Partido Comunista Holandés., que renunció en 1931, pero aún se consideraba comunista. Georgi Dimitrov comenzó su testimonio el tercer día del juicio. Renunció a su derecho a un abogado designado por el tribunal y se defendió con éxito. Cuando el juez Bünger le advirtió que se portara bien en el tribunal, Dimitrov declaró:
 "Herr presidente, si fuera un hombre tan inocente como yo y hubiera pasado siete meses en prisión, cinco de ellos encadenados día y noche, lo entendería si uno tal vez se sienta un poco tenso ". 

Durante el curso de su defensa, Dimitrov afirmó que los organizadores del incendio eran miembros de alto rango del Partido Nazi y con frecuencia se enfrentaron verbalmente con Göring en el juicio. El punto culminante del juicio ocurrió el 4 de noviembre de 1933, cuando Göring subió al estrado y Dimitrov lo interrogó.  Se llevó a cabo el siguiente intercambio:

Dimitrov: Herr Primer Ministro Göring declaró el 28 de febrero que, cuando fue arrestado, "el comunista holandés Van der Lubbe tenía consigo su pasaporte y una tarjeta de miembro del Partido Comunista". ¿De quién se tomó esta información?

Göring: La policía registra a todos los delincuentes comunes y me informa del resultado.

Dimitrov: Los tres funcionarios que arrestaron y examinaron a Van der Lubbe estuvieron de acuerdo en que no se le encontró ningún carné de miembro del Partido Comunista. Me gustaría saber de dónde procede el informe de que se ha encontrado esa tarjeta.

Göring: Me lo dijo un funcionario. Las cosas que me informaron la noche del incendio ... no pudieron ser probadas. El informe me lo hizo un funcionario responsable y fue aceptado como un hecho, y como no se pudo probar de inmediato, se anunció como un hecho. Cuando envié el primer informe a la prensa la mañana siguiente al incendio, el interrogatorio de Van der Lubbe no había concluido. En cualquier caso, no veo que nadie tenga derecho a quejarse porque parece probado en este juicio que Van der Lubbe no tenía esa tarjeta.

Dimitrov: Me gustaría preguntarle al Ministro del Interior qué medidas tomó para asegurarse de que la ruta de Van der Lubbe a Hennigsdorf, su estadía y sus reuniones con otras personas allí fueran investigadas por la policía para ayudarlos a localizar a Van der Lubbe. cómplices?

Göring: Como yo mismo no soy un funcionario, sino un ministro responsable, no era importante que me ocupara de asuntos tan insignificantes y sin importancia. Mi tarea era desenmascarar al Partido, y la mentalidad, que fue responsable del crimen.

Dimitrov: ¿El Reichsminister es consciente del hecho de que quienes poseen esta supuesta mentalidad criminal controlan hoy el destino de una sexta parte del mundo: la Unión Soviética?

Göring: ¡No me importa lo que pase en Rusia! Sé que los rusos pagan con las facturas, ¡y preferiría saber que sus facturas están pagadas! ¡Me preocupo por el Partido Comunista aquí en Alemania y por los delincuentes comunistas que vienen aquí para incendiar el Reichstag !

Dimitrov: Esta mentalidad criminal gobierna la Unión Soviética, el mejor y más grande país del mundo. ¿Herr Primer Ministro está al tanto de eso?

Göring: Te diré lo que el pueblo alemán ya sabe. ¡Ellos saben que te estás comportando de una manera vergonzosa! ¡Saben que eres un sinvergüenza comunista que vino a Alemania para incendiar el Reichstag ! A mis ojos no eres más que un sinvergüenza, un sinvergüenza que pertenece a la horca ". 

En su veredicto, el juez Bünger tuvo cuidado de subrayar su creencia de que de hecho había habido una conspiración comunista para incendiar el Reichstag , pero declaró, con la excepción de Van der Lubbe, que no había pruebas suficientes para conectar al acusado con el incendio o la supuesta conspiración. Los búlgaros fueron absueltos y expulsados ​​a la Unión Soviética. Sólo Van der Lubbe fue declarado culpable y condenado a muerte. Torgler también fue absuelto y sobrevivió a la guerra.



Una entrevista con Jacques Vergès.
 por Mark Kersten



La semana pasada murió el ilustre, despreciado y diabólicamente juguetón Jacques Vergès  . El abogado francés era conocido no solo por los clientes que defendía, sino también por las tácticas provocadoras que utilizó. Más recientemente, había defendido al ex-jefe de Estado de los Jemeres Rojos, Khieu Samphan, que ahora está siendo juzgado en los Tribunales Internacionales de Camboya . Escribí sobre el tribunal  en sus primeros días para Macleans , The Walrus y Radio Netherlands World Service.. Tenía curiosidad por ver si Vergès podría desafiar la autoridad y la narrativa del tribunal, como lo había hecho en juicios anteriores. Por lo tanto, aseguré una reunión en su casa de París en agosto de 2008. 

Había planeado escribir un perfil de revista o un artículo académico sobre Vergès, pero nunca llegué a hacerlo. Releyendo mi entrevista con él lamenté esa decisión. Sigo considerando que sus puntos de vista sobre los juicios penales son provocativos e interesantes, además de egoístas y, a veces, desalmados. Vergès vio la defensa legal como profundamente creativa y política, particularmente si uno desecha los puntos de vista convencionales sobre la legitimidad de los tribunales o el deseo de que los juicios penales establezcan la verdad y proporcionen alguna reivindicación a las víctimas.

Antes de extraer un extracto de esa entrevista, aquí hay algunos detalles de la fascinante vida de Vergès. Aquellos interesados ​​en más pueden acudir a este magnífico perfil de Stéphanie Giry, el muy buen documental Terror's Advocate y un gran esbozo de personaje en Erna Paris, en libro ' Unhealed Wounds: France and the Klaus Barbie Affair.

Vergès nació en 1925 en Tailandia de un médico francés y su esposa vietnamita. Su padre tuvo que renunciar como cónsul francés debido a este matrimonio interracial, lo que ayuda a explicar la relación de amor y odio de Vergès con Francia. Disfrutó de la atención de sus compatriotas, una vida refinada en París y la tradición francesa de intelectuales públicos subversivos como Voltaire. (Vergès murió en una casa en la que vivió este filosofo ). Sin embargo, pasó gran parte de su vida atacando las costumbres del país y defendiendo a algunos de sus enemigos.

Abogado de causas anticoloniales.

Vergès saltó a la fama en 1957 cuando defendió y se enamoró de Djamila Bouhired, una joven revolucionaria del Frente de Liberación Nacional de Argelia. Bouhired fue acusado de colocar una bomba en un bar en Argel frecuentado por civiles franceses. Once personas murieron. Vergès no intentó demostrar la inocencia de Bouhired ni buscó una sentencia reducida. En su lugar, montó lo que llamó “la défense de la rupture”, para defender al acusado creando una ruptura en el juicio mismo. Lo hizo desafiando la legalidad y la moralidad del estado que montó la acusación, a través de discursos dramáticos en la sala del tribunal y los medios de comunicación. 
En el caso de Bouhired, atacó al tribunal como un títere del colonialismo francés en Argelia. Bouhired fue condenada a muerte, pero la actuación de Vergès la había convertido en una causa célebre. Ante una protesta nacional e internacional, el gobierno conmuto la pena. Cuando Argelia se independizó en 1962, fue puesta en libertad y proclamada héroe nacional. Bouhired y Vergès juntos abogaron por las causas anticoloniales, se reunieron con Mao Zedong en China y se casaron en 1965.

En 1970, Vergès le dijo a su esposa y a otras personas que se iba a España. Luego desapareció durante siete años. Se ha referido a esta fase, misteriosamente, como el momento en que dio un paso "dentro del espejo". Abundan las teorías sobre su paradero: en Camboya bajo el Khmer Rouge (creo que es poco probable), en los campos de entrenamiento de militantes palestinos, quizás viviendo de manera invisible en París, etc. Cuando le pregunté cuándo revelaría la verdad de esos años, Vergès dijo: “tal vez como un último testamento ". Añadió con una sonrisa: "Pero por ahora estoy en muy buena salud".

Abogado de celebridades

Cuando Vergès reapareció, no se reunió con Bouhired y sus hijos, sino que se convirtió en abogado con sede en París. Ya no se centró en las luchas anticoloniales, sino que defendió a una serie de clientes notorios, desde enemigos del estado francés (Klaus Barbie y Carlos el Chacal), hasta déspotas africanos (Gnassingbe Eyadema de Togo y Henri Conan Bédié de Costa de Marfil), hasta personas infectadas con VIH por sangre contaminada en Francia, a celebridades como Cheyenne, la hija de Marlon Brando. Si bien sus clientes a menudo eran declarados culpables, él se deleitaba con la notoriedad y la proximidad a la violencia, y parece haber obtenido buenos ingresos al hacerlo.

El juicio de Klaus Barbie.

Vergès utilizó su defensa de ruptura de manera más famosa en el juicio de 1987 del oficial nazi Klaus Barbie, conocido como el "Carnicero de Lyon". Barbie fue acusada de supervisar el asesinato o la tortura de miles de ciudadanos franceses, incluidos niños judíos y miembros de la Resistencia francesa como el venerado Jean Moulin. Se esperaba que el juicio de Barbie mostrara el sufrimiento y la heroica resistencia de los franceses bajo la ocupación nazi. Pero Vergès utilizó el juicio para llamar la atención sobre los crímenes de guerra que Francia había cometido en los países que ocupó después de 1945, así como para mostrar las divisiones y, a veces, las traiciones dentro de la Resistencia francesa. Barbie fue condenado, pero Vergès rompió con éxito la narrativa dominante del juicio.

Este enfoque tiene sentido en los tribunales penales internacionales, donde a menudo se cuestiona la legalidad y legitimidad de la corte. Los abogados defensores a menudo impugnan la jurisdicción de los tribunales internacionales sobre sus clientes, y acusados ​​como Slobodan Milosevic han intentado crear rupturas en sus juicios para contar historias alternativas de los hechos. Vergès tenía la intención de desafiar el enfoque limitado al tribunal en los crímenes bajo el régimen de los Jemeres Rojos, ignorando el horrible bombardeo estadounidense de Camboya antes de 1975 y la posterior participación de China y Vietnam en el país (ver más abajo). No he visto de cerca el juicio de Khieu Samphan, pero varias personas me han dicho que la actuación de Vergès no fue particularmente impresionante ni efectiva.



La entrevista: 6 de agosto de 2008.

Conocí a Vergès en su residencia privada y oficina en una calle tranquila de París,  de piedra de edificios de la era Haussman iluminado por el ocasional rocío de geranios en los balcones de mármol. En la antecámara de su oficina, una docena de juegos de ajedrez de diferentes países estaban colocados sobre una mesa baja, un recordatorio para el visitante de que están a punto de conocer a un hombre de mundo y un estratega experto. Vergès se reunió conmigo aquí, vestido con una camisa de vestir de color lavanda pálido y un chaleco de seda y sus familiares gafas de montura redonda. Me estrechó la mano y me guió a su oficina. Las estanterías de pared a pared se extendían hasta los techos altos, miles de libros que iban desde tomos legales, volúmenes de teología e historia encuadernados en cuero hasta obras literarias desde Molière hasta F. Scott Fitzgerald. Alrededor de la oficina había recuerdos de los antiguos clientes de Vergès,

Vergès habló en un francés elegante y claro, interrumpido por pausas para dejar que una frase particularmente adecuada se registrara o para puntuar una pregunta retórica. Habla cálidamente pero con una convicción férrea en sus puntos de vista. De vez en cuando se reía de algún absurdo que quería compartir conmigo, una extraña carcajada que comenzaba en su estómago y burbujeaba por su pecho para emerger justo cuando concluía su frase.

Sus comentarios que siguen no son citas directas. Vergès no me permitió grabar nuestra conversación y tanto mi francés como mi taquigrafía son imperfectos.

Sobre quién defiende.

Creo que un abogado tiene una oportunidad extraordinaria. Quizás una que no se parezca a ninguna otra profesión, porque tiene la oportunidad de conocer rostros tan diferentes de la humanidad. No solo he defendido al terrorista, también he defendido a la víctima del terrorista ya la víctima de la policía que intentaba luchar contra los terroristas.

Serial plaideur" de et avec Jacques Vergès Création au
Théâtre de la Madeleine Du 21 septembre au 29 décembre 2008


Puedo defender a un enemigo. Un enemigo me intriga. Como dije antes, incluso defendería a [George W.] Bush, pero sólo si se declara culpable.

No todos los casos que tomo son de alto perfil. He hecho muchos casos de divorcios y asuntos fiscales. Algunos los tomo simplemente porque me interesan. Una vez leí una historia de un periódico que parecía un thriller: mataron a una mujer burguesa y encontraron su cuerpo en el sótano. Escrito con su sangre estaba el nombre de su jardinero, "Omar". Tomé este caso simplemente por interés.

Sobre el juicio de Khieu Samphan.

El tribunal se niega a ampliar el alcance de su investigación. No puede tocar a los estadounidenses, los chinos o los vietnamitas. Pero una gran parte de la población de Camboya murió a causa de los bombardeos y la guerra estadounidenses durante los años de Lon Nol.
Entonces usaré dos estrategias en el caso. Primero, intentaré obligar al tribunal a ampliar su alcance, a examinar todos los crímenes cometidos en Camboya. Dos, no estoy en desacuerdo con que los Jemeres Rojos cometieran crímenes, pero argumentaré que Kheiu Samphan no es personalmente responsable.
Khieu Samphan era un testaferro que usaban los jemeres rojos porque le gustaba a la gente. No estuvo directamente involucrado en la violencia. Las palabras que dijo durante ese tiempo fueron torcidas. Dijo que era necesario eliminar a la gente del poder político. Solo quería que perdieran sus trabajos; no planeó que los mataran ...

Sobre los ensayos como obras literarias.

Un caso judicial es similar a una gran obra literaria, y especialmente a una tragedia. Siempre incluye una infracción y revela el carácter de los seres humanos… Veo mi trabajo como similar al de grandes escritores literarios cuyos personajes fueron culpables, como Shakespeare con Macbeth y Ricardo III, o Dostoievski y su Raskolnikov.
Las pruebas tienen una habilidad perversa para crear personajes. Si Juana de Arco hubiera sido asesinada sin ser juzgada, nunca se habría convertido en santa, no habría sido nadie.
Un juicio no puede honrar a los muertos. Los acusados ​​son las principales personas en un juicio. Toda la atención está puesta en ellos, no en las víctimas. Las víctimas deberían ser honradas en otro ámbito ... Quizás un músico estaría en mejores condiciones de estimular las emociones que un juez.


Sobre su propio legado.

[En respuesta a la pregunta, '¿Por qué te recordarán?]

Primero, creé la defensa de la ruptura.

Luego, en segundo lugar, experimenté con la mediatización de los juicios como resultado de esta defensa de ruptura.

En tercer lugar, contribuí a la transformación estética del caso judicial. Les mostré cómo nunca tocan la realidad. Siempre es una historia.

Sobre la resistencia a los juicios en blanco y negro.

El hombre es muy complejo, sus opiniones y su mente no son ni negras ni blancas. El juez, sin embargo, hace preguntas binarias que deben responderse "sí" o "no". Al final del juicio, el fiscal se enfrenta a la defensa. Ambos abogados extraen sus argumentos del mismo expediente: ¿cómo puede uno de los dos relatos ser la verdad completa?

La sociedad tiene dificultades para ver algo que no sea blanco o negro. La gente no puede aceptar que Hitler mató a millones de personas pero amaba a su esposa.

La gente no cree en estas complejidades porque tiene miedo de lo que cada persona es capaz de hacer. Nosotros, que creemos que somos buenas personas, también tenemos monstruosidades.

 

Jacques Vergès, en defensa propia.

Publicado por Xavier Orri
Jacques Vergés

Más sabio por viejo que por diablo, el abogado francés sigue ociosamente entretenido a sus 87 años. Su último pasatiempo fue denunciar al ex presidente Sarkozy de crímenes contra la humanidad por instigación de la revuelta libia. Al tiempo, prepara su segunda obra de teatro, epílogo del Serial Plaideur (Pleiteador en serie) que representó más de cien noches en el parisino Théatre de la Madeleine.

Iconoclasta de arrogancia abrumadora y verbo exquisito. Comunista adorador de De Gaulle. Abogado del nazi Klaus Barbie y lector devoto de Montaigne. Ateo místico convertido (efímeramente) al islam por amor. Jacques Vergès sigue siendo un misterio que exige el matiz para explicarse. Por etiquetas, su castillo de naipes se desmorona. El brillante abogado francés sigue en activo a sus 87 años, recibe en su despacho parisino del neuvième arrondissement, al minuto del Moulin Rouge, en el que se instaló hace dos décadas. Conserva la lucidez y el macabro sentido de la ironía que le encumbraron como uno de los agitadores más brillantes y temidos de su país.

 Adornan su recibidor una docena de tableros de ajedrez dispuestos para empezar la partida, sigue siendo el inquebrantable fumador de puros en el que el Che le convirtió en su primer y único encuentro en París, cuando el abogado todavía blasfemaba fumando pipa, y reconoce conservar a Mao en su corazón al tiempo que reniega, al menos en el terreno práctico, del comunismo al que se dedicó con devoción durante la década que siguió a la segunda guerra mundial. “Digamos que he perdido optimismo en relación a esta idea”, concede apenas arranca la conversación. Vergès, el abogado y ciudadano antiimperialista, el defensor de Slobodan Milosevic, de Carlos Ramírez ‘El Chacal’, de terroristas palestinos y de mujeres en busca de un divorcio dorado, sigue en pie de guerra.

Su última cruzada apunta al presidente Sarkozy y a su filósofo de cabecera, Bernard-Henry Lévy (BHL), a los que ha denunciado ante la Corte Penal Internacional por crímenes contra la humanidad por instigación de la revolución libia. Junto al ex ministro socialista Roland Dumas ha publicado el panfleto Sarkozy bajo BHL en el que destripa las interioridades de la sublevación. A saber, que el Gobierno francés, a través de la intermediación de BHL, fue el principal instigador de la revuelta. 
“Henry Lévy se reunió con la oposición libia [en un hotel de París] para que hicieran una acción que permitiera a Francia intervenir. Francia creó las condiciones para una guerra civil y después intervino en la guerra civil para conseguir que se imponga la anarquía”, resume el menudo abogado con la grandilocuencia que le define. No es que Vergès sea un devoto de Gadafi, ocurre que aborrece al presidente de la República y su “regreso a las políticas coloniales”.

Habla con convicción y conocimiento de causa cuando se trata de colonialismo, acaso su guerra mayor. Hijo de madre vietnamita y padre francés, nació en la colonizada Siam, creció en la Isla de la Reunión y se inició en la abogacía como defensor de terroristas argelinas del FLN que luchaban por la liberación del país africano a finales de los cincuenta. Mujeres como Djamila Bouhired o Zora Driff, que hicieron la revolución poniendo bombas en los cafés frecuentados por los colonos de Argel. 

En Francia las llamaban terroristas mientras en el resto del mundo las trataban de libertadoras. Vergès, por entonces un insolento abogado en prácticas, tuvo mucho que ver en el matiz lingüístico. A través del proceso de Djamila, más tarde esposa y madre de sus dos hijos, consiguió una campaña mediática por medio mundo en la que se reseñaban los crímenes de las terroristas argelinas, pero también los motivos de sus defendidas para asesinar a veinte civiles de un bombazo sin pestañear. En titulares, se trataba de combatir el modelo colonial impuesto por Francia en Argelia. 
Más allá del sentido racista de Estado, el ejército francés practicó con recurrencia la tortura, el asesinato y la violación durante los años previos a la revolución, estallada en 1954 y cerrada en 1962 con la independencia que concedió el general De Gaulle. La ilustración de la infamia la sirvió con crudeza el escritor y diplomático Romain Gary en una descripción del cuerpo de una prostituta en Djibouti a la que oficiales franceses habían marcado con sus nombres y fechas de paso. Tatuajes señalando las virtudes y disposiciones sexuales de su proveedora. La chupa bien. No se deja encular, grabaron para el siguiente sobre su cuerpo.

 “Francia negó la dignidad y la existencia del argelino, negó la lengua árabe, negó la historia del país, los dioses del país. ¡La gran mezquita de Argel fue convertida en una Iglesia!”, dice Vergès acelerando ligeramente su discurso pausado y reflexivo. El proceso a Djamila terminó con una condena a muerte que nunca se cumplió. Fue indultada, sin solicitarlo, por el presidente de la República. 
“Un juicio es una operación mágica que permite la metamorfosis del acusado. Juana de Arco llegó a su juicio como un jefe de guerra y salió convertida en una santa. Djamila pasó de ser una terrorista a un símbolo mundial de la revolución contra el colonialismo”, recita Vergès usando una analogía nada nueva en su discurso.

Jacques Vergés Aún con los odios acumulados durante una larga carrera en la que ha tratado de cenutrios a buena parte de sus colegas, la profesión le reconoce más méritos que reproches. Su aportación jurídica no es menor: llevó a los juzgados un sentido estético de la justicia.
 “Mi posición se explica por oposición a la visión moralizante común a los juristas. Para mí lo interesante es que una infracción, que llamamos delito o crimen, plantea preguntas alrededor del orden público y nos obliga a reflexionar sobre ello”

Conceptualizada en su celebrado ensayo Estrategia judicial en los procesos políticos (reeditado por Anagrama en 2009), su perspectiva estética tomó forma práctica en lo que vino a llamar la estrategia de ruptura, un modelo de defensa tosco y extremadamente agresivo que consistía en negar la legitimidad del tribunal como punto de partida. Si el juez hablaba de terrorismo, el acusado reivindicaba la condición de resistente en una guerra. El juez trataba al acusado de francés, él se reclamaba argelino.

 “Reconocíamos los hechos criminales como ciertos”, sigue Vergès refiriéndose a su iniciación argelina, “así que dejábamos de discutir hechos con el juez para discutir valores”. No se discutía lo que hizo el acusado, sino por qué lo hizo. En el tribunal el motivo no es necesariamente eximente, pero cruzada la línea de los periódicos, entiende Vergès, el juicio entra en una dimensión política en la que la opinión pública dicta sentencia. En cuanto a la efectividad, los resultados fueron notables.
 “De todos mis clientes condenados a muerte en Argelia, puedo presumir que ninguno pasó por la guillotina”, se relame el abogado, con pausa dramática de por medio, recurrente cuando está a punto de colgarse una medalla.

Serial Plaideur. Más allá de su ocio batallador, ahora con el presidente francés como diana, a Vergès le quedan tiempo y fuerzas, a sus 87 años, para descubrir el teatro desde el escenario. En abril cerró gira en el Théatre de la Madeleine tras más de cien funciones de su Serial Plaideur, un soliloquio de hora y cuarto en el que vanagloria su paso por la resistencia francesa y repasa su recorrido por los tribunales de medio mundo. Solo omite de su trayectoria la década de los setenta que pasó en la oscuridad, apartado del mundo, cuando huyó de Argelia y de su familia para escabullirse en ¿Oriente Próximo? ¿la Camboya de Pol Pot? para hacer la revolución por su cuenta y riesgo. Nadie sabe decir dónde estuvo. 
Fui solicitado por algo que me parecía importante”, se excusa el abogado en el inquietante documental El abogado del terror que le dedicó Barbet Shroeder. ¿Habrá obra póstuma resolviendo su gran incógnita? “Ni eso le puedo responder”, se excusa hoy.

De lo que sí habla sin obviar detalles es de Klaus Barbie, el oficial nazi al que defendió en un macrojuicio celebrado en Lyon en el 87’. El veredicto estaba dictado de antemano. El Carnicero de Lyon había sido el máximo responsable de la Gestapo en la región lionesa y se le acusó de ser el instigador de la tortura y el asesinato de un icono de la resistencia francesa como Jean Moulin. Ni jueces ni periódicos iban a inclinarse a los argumentos de Vergès, por válidos que pudieran parecer. Pero el abogado de ojos rasgados defendió de todos modos al supremacista ario delante de 39 jueces. Su objetivo, más allá de la defensa de Barbie, era formular una pregunta que Francia había rehuido desde la guerra argelina. 

“¿Qué nos da derecho a juzgar a Barbie cuando nosotros, como sociedad y como nación, somos culpables de crímenes tan parecidos en Argelia?”, repitió en el juicio y ante los micrófonos. Completó la puesta en escena llevando a su lado a un abogado argelino y a otro congolés para la foto: un euroasiático, un negro y un árabe defendiendo a un nazi delante de 39 jueces blancos y franceses que proclamaban los derechos del hombre que Francia se había ventilado tres décadas antes en Argelia. 
“Intentaron hacer de Barbie un monstruo, un Marqués de Sade, cuando en realidad era un personaje de nuestro tiempo. Era un oficial subalterno que asegura la represión en un país conquistado. Era el oficial francés en Argel. Era el oficial americano en Irak”, explica Vergès recogiendo la tesis arendtiana que asimiló el nazismo al colonialismo tradicional. La salvedad, apuntó el poeta martinico Aimé Césaire, fue el destino de su colonialismo. Si España sometió a indios, Francia a negros e Inglaterra a aborígenes australianos, la Alemania nazi tuvo la funesta idea de intentarlo con blancos europeos.

 “Al hacer de Barbie un monstruo, estaban exonerando el nazismo y se negaron a comprender cómo llegó un hombre ordinario como él a hacer lo que hizo, rechazaron escuchar las preguntas que planteaba su caso. Y es que incluso el peor de los criminales nos plantea preguntas… siempre y cuando esté bien defendido”, apostilla Vergès con asumida coquetería.

¿Qué preguntas planteaba el grupo terrorista de Carlos Ramírez ‘El Chacal’, al que usted defendió, cuando ponía bombas en los Campos Elíseos a principios de los ochenta?

A raíz de lo ocurrido en Múnich [dónde un comando palestino del grupo Septiembre Negro secuestró a once deportistas israelís durante los Juegos Olímpicos de Múnich que fueron ejecutados durante el fallido rescate], una banda del Mossad se paseó por toda Europa abatiendo a los responsables de la Organización para la Liberación Palestina. El Mossad hizo de París un campo de batalla en el que los otros respondieron.
Con bombas contra civiles…
Cuando hablo de estos atentados no digo que los aprobaría si yo fuera el responsable, pero puedo defender al autor porque soy capaz de entenderlo.
Entender al criminal. No excusarlo, ni justificarlo, ni minimizar su crimen, ni mucho menos absolverlo, solo entenderlo, se explica Vergès. “Comprender”, recitaba en Serial Plaideur, “arma a la sociedad para que el crimen no vuelva a producirse”. Pero más allá de esta función didáctica, meterse en la piel del criminal fue el gran vicio que encontró Vergès para dedicarse a la abogacía. Poder vivir la vida de todos los hombres como la suya propia, pócima nietzscheana de la felicidad reseñada en La gaya ciencia, despertó su vocación. 

Descubrí que este era el trabajo que quería hacer cuando me enfrenté a mi primer caso. Era un chico joven, estaba sentado enfrente de él y pensaba: ‘Este tipo soy yo. Comprendo muy bien lo que ha hecho’”. ¿Qué había hecho? “Un asesinato”, responde Vergès escondiéndose tras una carcajada.

¿Ha tenido algún problema moral con el hecho de que un criminal sea liberado por su defensa?

Si el fiscal es un cretino incapaz de ofrecer buenos argumentos, él es el único responsable de que el criminal quede en la calle. Si en una orquesta, el pianista toca de maravilla pero el violinista es un desastre, ¿cargaremos el muerto al pianista?
Alimenta Vergès su retrato para la historia con escaso pudor. Asume que su altisonancia, sus insultos a media frase y su natural talento para la provocación le dejarán en el recuerdo como el beligerante abogado de terroristas que se pasó por el forro el principio de autoridad, pero poco le preocupa. ¿Tiene alguna preferencia de cómo quedará en el imaginario colectivo? “Como el príncipe mesopotámico que grabó en su tumba Yo, yo y yo. Los imbéciles ven un signo de pretensión, para mí es un síntoma de modestia. Seré yo y nada más”.

Tiempo 

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