Caricaturas de Barrister (Abogados) en revista inglesa Vanity Fair

martes, 10 de diciembre de 2013

184).-Comentario del libro El alma de la Toga (XXII): La Mujer en el Bufete.


Luis Alberto Bustamante Robín; José Guillermo González Cornejo; Jennifer Angélica Ponce Ponce; Francia Carolina Vera Valdés;  Carolina Ivonne Reyes Candia; Mario Alberto  Correa Manríquez; Enrique Alejandro Valenzuela Erazo; Gardo Francisco Valencia Avaria; Álvaro Gonzalo  Andaur Medina; Carla Verónica Barrientos Meléndez;  Luis Alberto Cortes Aguilera; Ricardo Adolfo  Price Toro;  Julio César  Gil Saladrina; Ivette Renee Mourguet Besoain; Marcelo Andrés Oyarse Reyes; Franco González Fortunatti; Paula Flores Vargas; Ana Karina González Huenchuñir;  Patricio Ernesto Hernández Jara;  Demetrio Protopsaltis Palma; Nelson González Urra ; Ricardo Matías Heredia Sánchez; Alamiro Fernández Acevedo;  Soledad García Nannig;


Análisis profundo del capítulo "La mujer en el bufete", de la obra El alma de la toga de Ángel Ossorio y Gallardo:

1. Resumen y Tesis Central.

El capítulo aborda la trascendental influencia de la mujer en la vida profesional del abogado, enfocándose en dos figuras clave: la mujer propia (la esposa) y la mujer cliente. Ossorio destaca que, a diferencia de otras profesiones con vidas fragmentadas, el abogado funde en un mismo perímetro su hogar y su bufete.
La tesis principal sostiene que la esposa es un pilar fundamental que exige armonía y comprensión en la vida del letrado, mientras que la mujer cliente destaca por una asombrosa clarividencia e intuición natural ante los problemas jurídicos, exigiendo siempre del abogado una conducta de absoluta rectitud ética, castidad profesional y respeto superior.

2. Estructura y Puntos Clave.

El desarrollo del capítulo se compone de los siguientes argumentos fundamentales:

La armonía entre el hogar y el bufete: El despacho del abogado es un hogar con independencia de oficina y una oficina con matriz de hogar. Hallar el punto preciso de equilibrio es indispensable para mantener la solemnidad sin perder la calidez humana.

La importancia del matrimonio y la familia: Ossorio afirma que un abogado soltero siempre resultará incompleto. El matrimonio y la paternidad otorgan la sensibilidad, serenidad y comprensión necesarias para abordar los grandes dramas familiares y humanos que se confían al bufete.

El rol de la esposa del intelectual: La compañera debe valorar la nobleza de la profesión, facilitar el reposo del esposo y participar de sus alegrías y depresiones sin caer en la curiosidad impertinente ni en el prosaísmo pecuniario. Asimismo, se exige dignidad en dos aspectos: no intentar inmiscuirse en el secreto profesional y no celar a las clientas que acuden al despacho.
La dignidad y la ética ante la mujer cliente: El abogado no tiene sexo en el ejercicio de su ministerio. Debe colocarse muy por encima de las pasiones y tentaciones de la carne, considerando que aprovecharse de la vulnerabilidad de una consultante constituye una villanía cobarde y despreciable. Debajo de la toga no se concibe a un don Juan Tenorio, sino a un hombre de rectitud.
La clarividencia femenina en los litigios: Ossorio confiesa su gran admiración por el instinto y la intuición de las mujeres. Sostiene que, aunque no sigan un razonamiento formal, las esposas o clientas poseen una asombrosa capacidad para olfatear el peligro y rara vez se equivocan al dar un dictamen o consejo sobre un negocio o problema.
La fuerza incontenible de las madres: El autor rinde especial tributo a las madres en el bufete. Su grandeza moral, ardid, sacrificio y abnegación por defender a sus hijos superan cualquier ley o fuerza material: "¡Son madres y lo atropellan todo!".

3. Ideas Fuerza y Citas Memorables

La naturaleza mixta del despacho:

“El bufete es un hogar con independencia de oficina y una oficina con matriz de hogar.”

La integridad moral del abogado frente a las pasiones:

“Voy a hacer a mis jóvenes lectores una dramática declaración. El Abogado no tiene sexo... el Abogado es un hombre superior al hombre.”

El valor del dictamen femenino:

“...es lo cierto que, generalmente, las mujeres dan en todos los asuntos una asombrosa nota de clarividencia... ¡pero casi nunca se equivocan!”

La fe en la mujer:

“Porque el desventurado que no crea en la mujer, ¿adonde irá a buscar el reposo del alma?”

4. Reflexión y Vigencia Actual

Este capítulo ofrece una mirada profundamente humana y romántica —propia de su época— sobre la convivencia entre la vida afectiva y la exigencia forense:

Apoyo emocional y profesional: Subraya que las profesiones jurídicas de alta intensidad emocional necesitan de un entorno familiar equilibrado para evitar el desgaste psicológico del letrado.

Ética  estricta: La advertencia sobre la prohibición de cualquier aprovechamiento personal o afectivo hacia los clientes mantiene plena vigencia en los códigos deontológicos modernos, donde el abuso de posición prevalente es una falta gravísima.


Este texto es el Capítulo 23 - "La mujer en el bufete" de El Alma de la Toga, de Ángel Ossorio y Gallardo - 1919. Es uno de los libros de deontología jurídica más leídos en español.

Te dejo el capítulo ordenado, con su tesis y una lectura crítica actual, porque tal como está escrito tiene muchos errores de OCR y un lenguaje que hoy suena muy dated.

¿De qué va el capítulo?

Ossorio divide el tema en dos: la mujer propia y la mujer cliente.

1. La mujer propia - la esposa del abogado:

Su idea central es que la abogacía, a diferencia del empleado, el militar o el comerciante, no se ejerce fuera de casa. El bufete es "un hogar con independencia de oficina y una oficina con matriz de hogar".

Para él, eso crea un problema de equilibrio:

Si se nota demasiado la casa - gritos de los niños, servicio, limpieza - el despacho pierde solemnidad y reserva profesional.
Si no se nota nada la casa, el despacho parece una "covachuela curialesca".
Y de ahí salta a una tesis personal muy de su época: el abogado soltero es un "abogado incompleto". Solo el matrimonio y la paternidad le darían la piedad, la transigencia y la comprensión necesarias para entender los grandes dramas familiares de sus clientes. No se puede entender un divorcio o una disputa por hijos solo con el cerebro.

Lo que le pide a la esposa del abogado es casi imposible: que se interese profundamente por su trabajo, que lo considere admirable, que le facilite el reposo, que participe de sus alegrías y depresiones, pero sin caer en la curiosidad impertinente y sin preguntar nunca por el secreto profesional. Y sobre todo, que no tenga celos de las clientas.

Él mismo lo resume para los jóvenes: "casarse pronto y casarse bien. ¿Procedimiento? Enamorarse mucho y de quien lo merezca."

2. La mujer cliente - la deontología:

Aquí está la parte que sí sigue vigente y es la más importante del capítulo. Ossorio hace una declaración tajante:

"El Abogado no tiene sexo. Así, como suena."

No en el sentido biológico, sino deontológico. En el despacho, el abogado debe ponerse por encima de cualquier pulsión. Y lo compara directamente con el médico y el confesor:

"¿No os parece miserable o repugnante el confesor o el médico que se aprovechan de la situación excepcional que su ministerio les procura para plantear una insinuación amorosa a las mujeres que se les descubrieron porque no tenían más remedio que hacerlo así? Pues en caso semejante, no es menor la villanía del Abogado. Si acaso, es mayor, porque suelen quedar en sus manos armas coactivas que los otros no tienen"

Incluso advierte lo contrario: si es la clienta la que intenta seducir al abogado, el que cae "no se deshonra por insolente, pero se desacredita por tonto". Su consejo final: "Sed, pues, castos, jóvenes colegas... si podéis. Y si no, derrochad vuestros conatos amatorios fuera del despacho."

Y cierra con dos elogios que hoy suenan esencialistas pero que para 1919 eran rupturistas:

La clarividencia femenina: Dice que las mujeres, por intuición, desconfianza o esmero, suelen acertar. Tanto que él mismo pregunta a sus clientes: "¿Qué piensa su mujer de usted?" sobre un negocio.
Las madres en el bufete: Es su pasaje más famoso. "Quien no ha visto a una madre sostener la posesión de los hijos en medio de un laberinto litigioso, no sabe de lo que una madre es capaz... Ni el imperio de la ley, ni la fuerza material de sus ministros valen nada ante una madre."
Lectura desde hoy

Hay que leerlo con doble lente:

Lo que envejece mal: Todo el capítulo parte de una visión de la mujer como complemento del varón, "dulce tiranía femenina", "alma de mujer", "marisabidillas". Da por hecho que el abogado es hombre y la mujer es esposa o cliente. Y reduce el valor de la mujer a su función de madre, esposa administradora y consejera intuitiva, no racional.

Lo que sigue totalmente vigente: La regla de oro deontológica. La prohibición absoluta de relaciones afectivo-sexuales con la clienta aprovechando la vulnerabilidad, la asimetría de poder y el acceso a secretos íntimos. Hoy está en todos los códigos de ética: es falta grave, es abuso de confianza y puede ser acoso.

Ossorio lo decía en 1919 sin rodeos, cuando casi nadie hablaba de eso.

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