Caricaturas de Barrister (Abogados) en revista inglesa Vanity Fair

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domingo, 27 de octubre de 2013

179).-Comentario del libro El alma de la Toga (XVIII): EL AMIANTO.


Luis Alberto Bustamante Robín; José Guillermo González Cornejo; Jennifer Angélica Ponce Ponce; Francia Carolina Vera Valdes;  Carolina Ivonne Reyes Candia; Mario Alberto  Correa Manríquez; Enrique Alejandro Valenzuela Erazo; Gardo Francisco Valencia Avaria; Álvaro Gonzalo  Andaur Medina; Carla Veronica Barrientos Meléndez;  Luis Alberto Cortes Aguilera; Ricardo Adolfo  Price Toro;  Julio César  Gil Saladrina; Ivette Renee Mourguet Besoain; Marcelo Andrés Oyarse Reyes; Franco González Fortunatti; Paula Flores Vargas; Ana Karina González Huenchuñir;  Patricio Ernesto Hernández Jara;  Demetrio Protopsaltis Palma; Nelson González Urra ; Ricardo Matías Heredia Sánchez; Alamiro Fernández Acevedo;  Soledad García Nannig;

Análisis profundo del capítulo "El amianto", decimonoveno capítulo de la obra El alma de la toga de Ángel Ossorio y Gallardo:

1. Resumen y Tesis Central

El capítulo examina una nueva figura surgida a raíz de la Primera Guerra Mundial: el abogado financiero. Ossorio reconoce el valor de los financieros en el progreso material, pero rechaza de plano la figura del abogado que se convierte en socio, empresario o partícipe directo de las ganancias económicas de sus clientes.

La tesis principal sostiene que el abogado debe mantenerse siempre por encima de la codicia y de la pasión económica. Mientras los financieros arriesgan y ganan millones, el letrado debe ser la voz de la serenidad, la prudencia y la justicia, conservando la independencia que le otorga su autoridad moral. Para ello, el abogado debe poseer la naturaleza del amianto: un mineral capaz de soportar el fuego y las altas temperaturas sin quemarse ni alterarse.

2. Estructura y Puntos Clave

El desarrollo del capítulo se compone de los siguientes argumentos fundamentales:

La distinción entre asesorar y participar en el negocio: Ossorio no critica al abogado que redacta estatutos, evacua consultas o asesora legalmente a empresas y bancos; esa es una cooperación útil y digna. La crítica se dirige al letrado que cambia los honorarios tradicionales por un porcentaje de los negocios (acciones liberadas, partes de fundador o puestos en consejos de administración), convirtiendo sus honorarios en una cuota litis hipertrofiada.

La pérdida de la independencia moral: Mezclar el interés propio con el ajeno y buscar el enriquecimiento personal a través de los clientes destruye el verdadero rol del abogado. Así como el médico salva la vida a un multimillonario sin volverse partícipe de su fortuna, el abogado debe estar distanciado del apetito de riqueza.

El código de conducta y el distanciamiento profesional: El autor ilustra esta idea con metáforas contundentes:

Si los aristócratas consultan al abogado, este no debe volverse su contertulio de juegos (tresillo) para no rebajarse.

Si asesora a empresas teatrales, no debe frecuentar los bastidores de la farándula.

Si le visitan mujeres hermosas, no debe galantearlas para no descender a petimetre o viejo verde.

De igual forma, aunque ronde la tentación de la millonada, debe dejarla para los geniales y hombres de presa, manteniendo su grandeza en la imparcialidad.

La metáfora del amianto: El capítulo cierra con una imagen célebre: el poder, la riqueza, la fuerza y todas las incitaciones de la pasión pasan por las manos del abogado sin que este se queme. El mundo lo utiliza y respeta en la exacta medida en que conserve esa resistencia incorruptible.

3. Ideas Fuerza y Citas Memorables

La superioridad ética frente al dinero:

“El abogado debe sentirse superior a ese apetito y saber que su palabra es, en medio del vértigo, la serenidad, la prudencia, la justicia.”

La posición de neutralidad y grandeza:

“Nosotros estamos tan distantes de uno como de los otros, y nuestra grandeza radica en merecer la confianza de ambos sin ser consocios de ninguno.”

La metáfora central del amianto:

“Poder y riqueza, fuerza y hermosura, todas las incitaciones, todos los fuegos de la pasión han de andar entre nuestras manos de abogados sin que nos quememos. El mundo nos utiliza y respeta en tanto en cuanto tengamos la condición del amianto.”   

4. Reflexión y Vigencia Actual

Este capítulo plantea una de las reflexiones deontológicas más agudas sobre la relación entre el derecho y el poder económico:

Independencia y conflictos de interés: Hoy en día, la tentación de que los despachos de abogados actúen como socios comerciales, fondos de inversión o participen directamente en las empresas de sus clientes sigue latente. Ossorio nos recuerda que la independencia del criterio profesional se debilita en cuanto el abogado se convierte en parte interesada del negocio.

La honorabilidad como activo institucional: La autoridad moral de la justicia descansa en la confianza pública de que el abogado asesora guiado por la ley y la equidad, y no por el afán de lucro personal compartido con su cliente.

jueves, 27 de junio de 2013

156).-El Alma de la Toga (XVIII): EL AMIANTO.


Luis Alberto Bustamante Robin; Jose Guillermo Gonzalez Cornejo; Jennifer Angelica Ponce Ponce; Francia Carolina Vera Valdes;  Carolina Ivonne Reyes Candia; Mario Alberto  Correa Manríquez; Enrique Alejandro Valenzuela Erazo; Gardo Francisco Valencia Avaria; Alvaro Gonzalo  Andaur Medina; Carla Veronica Barrientos Melendez;  Luis Alberto Cortes Aguilera; Ricardo Adolfo  Price Toro;  Julio César  Gil Saladrina; Ivette Renee Mourguet Besoain; Marcelo Andres Oyarse Reyes; Franco Gonzalez Fortunatti; Patricio Ernesto Hernández Jara;  Demetrio Protopsaltis Palma;Nelson Gonzalez Urra ; Ricardo Matias Heredia Sanchez; Alamiro Fernandez Acevedo; Paula Flores Vargas;Ana Karina Gonzalez Huenchuñir ; Soledad García Nannig;

Alexander James Edward Cockburn (1802-1880) Scottish lawyer, Liberal politician and judge




19.- EL AMIANTO.

Una de las nuevas especie que la guerra (Se alude a la primera  guerra mundial) ha producido en la fauna profesional es la Abogado financiero.

Tengo a los financieros mucha consideración porque sin su capacidad de iniciativa, sin su sed de oro, sin su acometividad y sin su ética maleable, muchas cosas buenas quedarían inéditas y el progreso material sería mucho más lento. Mas no concibo al Abogado Financiero, por la sencilla razón de que si es financiero no puede ser Abogado.
Claro que las empresas financieras necesitan nuestro concurso, y cuando se lo prestamos debemos sentir el orgullo de quien coopera a nobles empeños. No ya importante , sino ilusiones es que se multipliquen los puertos y los ferrocarriles, los saltos de agua y los bancos, la industria, la navegación y el comercio.
Que todo eso se construya sobre bases firmes, que engrane suavemente con los Poderes públicos y con los intereses particulares, que contrate con acierto, que no tenga pleito y que triunfe en los que sean inevitables, supone, en los tiempos presentes, aplicaciones interesantes de la actividad jurídica.

  Al hablar del novísimo Abogado financiero no me refiero a quienes para tan simpáticos menesteres evacuan consulta, redactan estatutos y asesoran verbalmente a Juntas y consejos, sino a aquellos otros de quienes alguna vez se nos dice para deslumbranos:   

-¡A Fulano si que le van bien! Más de un millón de pesetas ha ganado este año. Se dedica a las finanzas. ¡ Esa sí que es bonita aplicación de la carrera! 

Quiérese decir con esto que Fulano tiene habilidad especial para estudiar los mercados, gestionar la cesión de una cartera, lograr el traspaso de una concesión, colocar la emisión de obligaciones. etc.,etc.
Y como en manipulaciones tan amplias juegan muchos millones, Fulano no encuentra la renumeración en una minuta de honorarios, más o menos elevada, sino en un tanto por cierto del precio, en un paquete de acciones liberadas o de partes de fundador, o en un puesto en el Consejo de administración. Todo lo cual es legitimo y está muy bien en los financieros, pero no es los Abogados, quienes, mezclando así el interés propio con el ajeno y corriendo en cada asunto el albur de hacerse poderosos, vienen a consagrar inmensos pactos
 de cuota-bilis; una cuota-litis hipertrofiada.

Ellos es todo lo contrario  de lo que el Letrado corresponde. Ha de hallarse éste siempre colocado por encima de la codicia y de la pasión. Si los financieros, con sus empresas colosales, ganan el dinero a espuertas, ganarlo en buena hora; el Abogado debe sentirse superior a ese apetito y saber que su palabra es, en medio del vértigo, la serenidad, la prudencia, la justicia. De igual modo el medico que salva la vida a un multimillonario, es superior a éste, precisamente porque su ciencia devuelve la salud y no hace participe de la riqueza.

¡He ahí el gran resorte de nuestra autoridad! 

Aunque los aristócratas nos consulte, nosotros no debemos ser nunca sus contertulio , porque nos rebajaríamos de consejeros a tresillistas; aunque seamos abogado de empresas teatrales, no debemos frecuentar los bastidores, para no ser un elemento más mezclado en la farándula; aunque nos visiten mujeres hermosas no debemos galantearlas, para no descender de confesores a petimetres... o viejo verdes.
Asimismo, aunque nos ronde la tentación de la millonada debemos dejarla correr hacia sus naturales poseedores, que son los geniales y los aventureros , los grandes descubrimientos y los hombres de presa. Nosotros estamos tan distantes de uno como de los otros, y nuestra grandeza radica en merecer la confianza de ambos sin ser consocios de ninguno.        

Poder y riqueza, fuerza y hermosura, todas las incitaciones, todos los fuegos de la pasión han de andar entre nuestras manos de abogados sin que nos quememos. El mundo nos utiliza y respeta en tanto en cuanto tengamos la condición del amianto.


El señor  Ángel Ossorio y Gallardo

próximo capitulo