Caricaturas de Barrister (Abogados) en revista inglesa Vanity Fair

viernes, 5 de julio de 2013

163).-Comentario del libro El alma de la Toga: (XII): EL ARTE Y LA ABOGACÍA.

Luis Alberto Bustamante Robín; José Guillermo González Cornejo; Jennifer Angélica Ponce Ponce; Francia Carolina Vera Valdés;  Carolina Ivonne Reyes Candia; Mario Alberto  Correa Manríquez; Enrique Alejandro Valenzuela Erazo; Gardo Francisco Valencia Avaria; Álvaro Gonzalo  Andaur Medina; Carla Verónica Barrientos Meléndez;  Luis Alberto Cortes Aguilera; Ricardo Adolfo  Price Toro;  Julio César  Gil Saladrina; Ivette Renee Mourguet Besoain; Marcelo Andrés Oyarse Reyes; Franco González Fortunatti; Paula Flores Vargas; Ana Karina González Huenchuñir;  Patricio Ernesto Hernández Jara;  Demetrio Protopsaltis Palma; Nelson González Urra ; Ricardo Matías Heredia Sánchez; Alamiro Fernández Acevedo;  Soledad García Nannig;

Análisis profundo del capítulo "El arte y la abogacía", decimotercer capítulo de la obra El alma de la toga de Ángel Ossorio y Gallardo:

1. Resumen y Tesis Central

El capítulo aborda la dura crítica del pensador Ángel Ganivet, quien consideraba al abogado como una "bestia nociva para el Arte". Ossorio rebate esta afirmación tajantemente, defendiendo que la abogacía no se reduce a la fría aplicación de textos legales, sino que trata primordialmente con el alma humana, las pasiones, los caracteres y los conflictos psicológicos.
La tesis principal establece que no es cabal abogado quien no tiene una delicada percepción artística. El problema real que da pie a la crítica de Ganivet no es la naturaleza de la profesión en sí, sino la enorme incultura y falta de lectura que caracteriza a la mayoría de los letrados, quienes prescinden de libros e ignoran las humanidades.

2. Estructura y Puntos Clave

El desarrollo del capítulo se compone de los siguientes argumentos fundamentales:

La abogacía como estudio del alma humana: La materia prima del abogado no son los expedientes secos, sino el amor, el odio, los celos, la avaricia, la protesta y la variedad infinita de los caracteres. Por su cercanía constante con la vida viva y las pasiones, la profesión invita profundamente a la contemplación artística.

Las herramientas y la tradición de juristas artistas: Los abogados emplean la palabra escrita y hablada, que es la manifestación más noble y artística del pensamiento. Además, la historia del foro demuestra que grandes figuras de la política, la literatura y las artes fueron simultáneamente abogados ilustres (como Francisco Silvela, Canalejas, Maura, Salmerón o Melquiades Álvarez).

La flagelación de la incultura (La falta de bibliotecas): Ossorio admite con crudeza que la acusación contra los abogados tiene fundamento debido a su dejadez intelectual. Muchos carecen de bibliotecas y se conforman con un diccionario jurídico básico o un manual de procedimiento, cayendo en el atasco mental, la rutina y los tópicos.

La dignidad económica y la exigencia de mínimos: El autor rechaza el pretexto de que "leer es caro", señalando que los libros deben considerarse artículos de primera necesidad (destinando un pequeño porcentaje de los ingresos). Así como a ningún médico se le toleraría ejercer sin un arsenal de instrumentos básicos (como fonendoscopio o bisturí), un abogado sin libros y sin cultura mínima no puede ejercer con dignidad.

3. Ideas Fuerza y Citas Memorables

La verdadera esencia de la abogacía:

"La Abogacía, más que interés rige pasiones... el alma humana, en fin, es lo que el abogado trae y lleva."

La condición estética del letrado:

"No es cabal Abogado quien no tiene una delicada percepción artística."

La exigencia material del estudio:

"La Abogacía es una profesión de señores y, a la manera que el derecho de sufragio, debe estar vedada a los mendigos."

La lectura como gimnasia mental:

"...novelas y versos. Esos los recomendé porque son la gimnástica del sentimiento y del lenguaje."

4. Reflexión y Vigencia Actual

Este capítulo ofrece un llamado de atención de enorme vigencia para la formación jurídica actual:

La multidisciplinariedad del abogado: Nos recuerda que un buen jurista no puede limitarse a memorizar leyes o códigos; necesita comprender la sociología, la historia, la psicología y la literatura para entender la complejidad de los conflictos humanos.

El hábito de la lectura y el crecimiento intelectual: Critica la peligrosa complacencia profesional que confunde el título universitario con una "patente de corso" para dejar de estudiar, exhortando a mantener una biblioteca viva y una mente en constante ejercicio.

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