Caricaturas de Barrister (Abogados) en revista inglesa Vanity Fair

domingo, 30 de junio de 2013

159).-El Alma de la Toga (VI): EL DESDOBLAMIENTO PSÍQUICO.-a


Paula Flores Vargas;ana karina gonzalez huenchuñir; Luis Alberto Bustamante Robin; Jose Guillermo Gonzalez Cornejo; Jennifer Angelica Ponce Ponce; Francia Carolina Vera Valdes;  Carolina Ivonne Reyes Candia; Mario Alberto  Correa Manríquez; Enrique Alejandro Valenzuela Erazo; Gardo Francisco Valencia Avaria; Alvaro Gonzalo  Andaur Medina; Carla Veronica Barrientos Melendez;  Luis Alberto Cortes Aguilera; Ricardo Adolfo  Price Toro;  Julio César  Gil Saladrina; Ivette Renee Mourguet Besoain; Marcelo Andres Oyarse Reyes; Franco Gonzalez Fortunatti; Patricio Ernesto Hernández Jara;  Demetrio Protopsaltis Palma;Nelson Gonzalez Urra ; Ricardo Matias Heredia Sanchez; Alamiro Fernandez Acevedo;  Soledad García Nannig; 

CAMILA DEL CARMEN GONZÁLEZ HUENCHUÑIR



7.- EL DESDOBLAMIENTO PSÍQUICO.

Definición. 

Da este nombre el profesor Ángel Majorana (Arte de hablar en público. Traducción de Francisco Lombardía) al fenómeno por virtud del cual "el abogado se compenetra con el cliente del tal manera, que pierde toda postura personal", pues "como el actor en escena, olvida la propia personalidad, y a la realidad negativa de semejante olvido une la positiva de ensimismarse en el papel desempeñado por él  ". De aquí saca la consecuencia, que él mismo reputa paradójica, de que "la virtud que el Abogado necesita no es un verdadero y propio valor" 

Comentario.

Importa mucho mucho detenerse a considerar su esa afirmación, harto generalizada, responde a un exacto concepto ético de nuestra profesión. De creerlo a negarlo hay un mundo de consecuencias contradictorias. 
Suelen optar por la afirmativa quienes más se precian de enaltecer la Abogacía, porque en esa función, mejor dicho, en esa sumisión de la personalidad propia a la del cliente, ven una nuestra de alta y difícil abnegación. Ni puede desconocerse que toda renunciación  del propio ser en servicio u homenaje ajeno envuelve un admirable desprendimiento y difícilmente... desdoblamiento y un dificilísimo.... desdoblamiento psíquico, como dice el autor aludido.
Ami no me parece tan sencillo pronunciarse en ese sentido. Quizá me lo dificulte-lo digo en confesión-el tiente de orgullo, de rebeldía ingénita que siempre me ha parecido característica sustancial de la dignidad humana y motor del progreso social.
Entendamos. yo encuentro plausible y santo renunciar a los intereses, al goce, para entregarse al bien de otro; matar el sensualismo en servicio del deber o del ideal. eso es sustancial en la Abogacía. Defender sin cobrar, defender a quien nos ofendió, defender a costa de perder amigos y protectores, defender afrontando la injusticia y impopularidad... no sólo es loable, sino tan estrictamente debido a nuestros patrocinados, que casi no constituye mérito, ya que en esa disposición del animo está la esencia misma de la Abogacía, que sin prendas perdería su razón de existir. 
Pero el hombre tiene partes mas nobles que esas puras conveniencia. El criterio, el sentimiento, las convicciones... Y eso no puede supeditarse a las necesidades de la defensa ni a la utilidad de cada interesado. los patrimonios del alma no se alquilan ni se venden.
El abogado no es un Proteo, cuyas cualidades varían cada día según el asunto en que ha de intervenir. Es un hombre que ha de seguir su trayectoria a través del tiempo y que ha de poseer y mantener una ideología, una tendencia, un sistema, como todos los demás hombres; no tantas fórmulas de pensamiento y de afección como  clientes le dispensen confianza. Si lo licito fuere esto y no aquello, sería difícil conceder una abyección más absoluta ni más repugnante. Ser a un mismo tiempo individualista y socialista, partidario y detractor del matrimonio, interprete de un mismo texto en sentido contradictorios, ateos y creyentes, es una vileza que conjuntamente corrompe todas las potencias del alma. Quien doctrinalmente sea partidario del divorcio, ¿con qué atisbo decoro pediría en casos concretos su aplicación?
No pretendo llevar mi  afirmación hasta el punto de creer que nunca puede correctamente invocarse preceptos legales con los que no se esté conforme.
No.  sería  imposible  que un Letrado prestase su asentimiento teórico a todas las leyes que ha de citar. Ni siquiera necesaria tener concepto propio respecto de ellas. Ademas, el imperio del la Ley es una cosa bastante respetable y sustantiva para que no se designen con reclamar su cumplimiento aquellos que la apetecerían distinta.

Norma ética.

Lo que quiero decir es que la actuación jurídica en los Tribunales debe contar siempre con dos carriles:

A).-Que no se pida, ni aun consintiendo   las leyes, aquellas cosas que sean contrarias a nuestros convencimientos fundamentales o las inclinaciones de nuestra conciencia.

B).-que tampoco se sostengan en un pleito interpretaciones legales distintas de las que se hayan defendido en otro.

Cabe compendiar la doctrina en la siguiente prerrogativas: el pleito vive en día y el Abogado vive su vida. Y como debemos ajustar la vida a normas precisas que se tejen en las intimidades de nuestro ser, ha de reputarse como despreciable ruindad olvidar esas cardinales del pensamiento para girar cada vez según el viento que sople.

Resumen.

El concepto,  pues, del desdoblamiento psíquico no ha de interpretarse en el sentido que lo hace Majorana diciendo el Abogado "yo no soy yo, sino mi cliente", sino en el de la duplicidad de personalidades. "Hasta tal punto soy mi cliente, practicando un noble renunciamiento, y desde tal punto soy yo mismo, usando facultades irrenunciables"
Cuando se ve más al vivo la razón de lo que sostengo en cuando se piensa en los abogados escritores.
¿Cabe ridículo mayor que el de un defensor a quien se rebate con sus propios textos ?
Nunca olvidare la vista de un recurso de casación-sobre materia de servidumbre era- en que amparaba al recurrente un jurisconsulto ilustre, autor de una obra muy popularizada de Derecho civil.
El recurrido, en un informe brevísimo, combatió el recurso integro limitándose a leer las páginas correspondientes de aquel libro donde casualmente resultaban contradichas, una por una, las aseveraciones contenidas en los varios motivos. el azoramiento del tratadista fue tal, que pidió la palabra para rectificar y dijo esta tontería lapidaria:
-La sala se hará cargo de que cuando yo escribí mi obra estaba muy lejos de pensar en que hubiera de defender este pleito.   
Para no errar, antes de aceptar una defensa debemos imaginar que precisamente sobre aquel tema hemos escrito un libro. Así nos excusaremos de contradecir nuestras obras, nuestros dichos o nuestras convicciones y no pararemos el sonrojo de sustituir la toga por el bufonesco traje de Arlequín.  (Payaso)

Comentario.

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